Suman 29, las personas identificadas por el EAAF

En la sala de Tribunales Federales se realizó este martes la segunda conferencia de prensa que informó las identidades de las  17 personas aparecidas. Conmovedores relatos de los familiares de las víctimas.

Por Katy García*

Este martes, el juez Hugo Vaca Narvaja acompañado por integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) Silvana Turner, y  Carlos Vullo, especialista en ADN y genética forense, anunciaron  en conferencia de prensa las 17 nuevas apariciones, que surgen de los restos encontrados en la Loma del Torito,  durante la campaña realizada en noviembre de 2025. En total ya son 29 las personas identificadas que dejaron de ser desaparecidas.

El secretario del Juzgado n°3, a cargo de derechos humanos, trata y género, Miguel Ceballos, coordinó el acto, agradeció  a los equipos técnicos y científicos, al gobernador Llaryora,  al intendente Daniel Passerini presente en el lugar, y a los funcionarios encargados de diferentes tareas.

La sala de audiencias repleta de familiares. Aparecidos, Presentes!Crédito Julio Pereyra

En primer lugar el juez explicó  el procedimiento implementado. Se  organizaron tres grupos de notificadores que visitaron a las familias para informarles  los hallazgos. El objetivo fue acercar la  información, objetivo que se cumplió.  Luego nombró a quienes dejaron de ser desaparecidos para pasar a ser asesinados. Luego evaluó que “La vez anterior cometimos el error de salir a anunciar que había 12 identificaciones y luego notificar a las familias. Ahora, apenas tuvimos las 17 identificaciones salimos corriendo a notificar a las familias”.  En este sentido, comentó que el objetivo del juzgado es llevar certezas a las familias y no generar expectativas falsas.  Cabe recordar que la fragmentación de los restos recuperados fueron removidos por los militares en 1979, ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para  ocultar los crímenes.

Los 17

Varias generaciones podrán duelar y llevarles una flor a sus seres queridos

Son ellos y ellas. Gilberto Néstor Lellin D’Francesco, Graciela María de los Milagros Doldán, Juan Carlos Navarro Moyano, Adrián José Ferreyra Rivero, Víctor Carlos Díaz Rinero, Marta Susana Ledesma Vera de Comba, Silvia del Valle Taborda, Gustavo Daniel Torres, Edelmiro Cruz Bustos y Oscar Segura Reineri. Sorprendió la aparición de tres matrimonios: Luis Mónaco y Ester Felipe; José Luis Goyechea y Nilda Moreno de Goyechea; y Carlos Cayetano Cruspeire y Rosa Cristina Godoy de Cruspeire. Una de las familias solicitó mantener en reserva la información pedido que se concedió.

La centralidad del acto se instaló en la escucha de los comentarios profundos y emotivos expresados por las personas cercanas a la víctima, a 50 años del Golpe de estado. Quienes decidieron compartir sus experiencias, sentimientos, emociones, llantos y también alegría lo hicieron. Como ocurrió vez pasada, el agradecimiento a todas las personas que trabajan en la búsqueda fue unánime. Se  nombraron a numerosas personas que son parte de la llamada cooperativa de trabajo formada por el Juzgado, el EAAF, organizaciones estatales como la Universidad Nacional de Córdoba, los gobiernos provincial y municipal, autoridades del gobierno y los funcionarios que se encargan de proveer insumos indispensables.

También surgió que algunos gobiernos podrían colaboran en lo posible ya que muchas de las víctimas eran estudiantes de otras provincias.

Son más de 30 mil

El primero que comenzó fue Luis Navarro, hermano de Juan Carlos Navarro. “Mi hermano hace 49 años que estaba desaparecido. Cuando íbamos a preguntar por él nos decían que si no hay cuerpo no hay delito y lamentablemente no pudimos hacer nada. Por eso con orgullo puedo decir hoy que hay  justicia (…) mi deseo es que encuentren más personas, porque hay más de 30 mil desaparecidos”, dijo entre sollozos. Recordó a los estudiantes secundarios y universitarios, obreros y  especialmente a los metalúrgicos y a los jóvenes que militaban en los partidos políticos.

Familiares de  Ester Felipe y Luis Mónaco levantan las imágenes de ambos en son de bienvenida- Cispren

Exterminar una generación

La hija mayor de Edelmiro Cruz Bustos (25) dijo: “Nadie me lo puede contar porque yo con mis  cinco años, recuerdo la noche cuando lo sacaron de nuestra casa”. La mamá tenía 23 años y cursaba un embarazo de siete meses, y  Lorena, tenía  apenas tres.  Recordó los momentos de dolor y bronca que pasaron en estos 50 años siendo tres mujeres, sin contar con “un padre  protector que te cuide. Por suerte, tuvimos una madre de fierro que nos levantó, nos hizo salir adelante, no olvidando la memoria de mi padre. Quiero destacar que la intension fue exterminar una generación y crear una temerosa, en la cual me incluyo. Porque cuando me preguntaban en la escuela y los amigos, qué pasó con tu papá, yo decía: se murió”.

Gracias a los nietos que tuvimos, que luchan por estos ideales y sacan a la luz esa genética del abuelo, ella pudo vencer algunos prejuicios y asistir a las marchas. Entre su hija y los sobrinos la convencieron. “Me pasó algo muy loco”, dice,  cuando observó  que  los integrantes de las agrupaciones juventud radical, Franja Morada y el sindicato de empleados Públicos (SEP), enarbolaban su  foto y ella no. “No les puedo explicar la revolución cuando les dije que esa persona era mi padre” la reacción fue como si hubiera  sido un Rockstar. A ellos, les agradeció.  “Los quisieron  ocultar, en lo más oculto de la tierra, pero la verdad salió a la luz”.  Y cerró con dos frases cristianas. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque verán a Dios y La verdad nos hará libres. “Hoy, nos sentimos libres”, afirmó.

Plenitud humana

La hija de Oscar Reineri Segura relató que su mamá ahora fallecida fue a La Perla varias veces a buscarlo. “Nunca quiso decir que estaba fallecido. Yo tenía 9 años  y mi hermano 10. Estamos jubilados y solos. Hacemos vistas atrás y las personas que lo conocían en este camino doloroso,  hoy no están. No hay nadie, y eso duele. Pero lo que más nos llena el alma es que podemos decir que vamos a fallecer, tanto yo como mi hermano, sabiendo que lo encontraron. Tenemos la paz interior completa, la plenitud humana. Por eso, cuando nos pregunten ¿qué son los los crímenes de lesa humanidad? hay que hablarles de las familias. Que después de 50 años, se encontraron los cuerpos de sus seres queridos y que por fin pueden hacer el duelo y velarlos”. Invitó a los presentes  a brindar un largo aplauso a los integrantes de la cooperativa  que “se sientan orgullosos como profesionales que son y que a la larga hicieron justicia”.  Los aplausos acompañaron  cada intervención pero la transmisión silenció  las expresiones.

Tenía 25 años cuando lo desaparecieron

No está desaparecida

“Soy la hija de una persona que ya no está desaparecida”, dijo entre lágrimas, Marta Taborda, refiriéndose a su madre.  Recordó que estuvo sentada en esta  sala de audiencias mientras estaban los nefastos. “Cuando la semana pasada me avisaron que habían encontrado restos de mi mamá no podía creer que después de 50 años me dijeran que los encontraron en La Perla cuando supuestamente los llevaron a La Ribera. No podía asociar cómo llegaron a La Perla, cómo los han desparramado y aun así no quedaron impunes”, afirmó. Los llevaron a los cuatro pero a nosotros nos dejaron con mis abuelos”.  Siente que el mensaje que recibió fue: “Hijita acá estoy. No le tengas más miedo a las puertas cerradas, no duermas más con la luz prendida.  Estamos acá y vamos a empezar a aparecer”. En mi familia son 9 las personas desaparecidas. “Hoy me acompaña una hija; nos une la búsqueda y la alegría por haberlos encontrado”. No tengo a nadie más.

Antídoto contra ese miedo

Ramiro Fresneda, abogado querellante, leyó el texto de Maria Lucila Doldan, sobrina de Graciela de los Milagros Doldan. Tras desarrollar una introducción previa acerca de  estos crímenes,  la desaparición forzada, la condición de víctimas y otras formas del horror, expresó: “Dado que mi padre era cercano a Monina, a su militancia, lo viví  como haber sido nacida y criada en el centro del miedo, un miedo que era además innombrable. En ese sentido, creo que la aparición de Monina, la restitución de sus restos aunque sean fragmentos es un antídoto contra ese miedo, un triunfo de la verdad, una evidencia dura de la crueldad y el horror de la dictadura.

Resulta increíble que esa evidencia sea otra vez tan necesaria pero lo es en estos  tiempos de renovado negacionismo. Hoy, tengo la esperanza de que las nuevas generaciones tendrán verdad y memoria pero que también mi hijo tenga una infancia donde el miedo no sea el elemento central.

Agradeció al movimiento de derechos humanos, comprometidos con la verdad, y a Graciela  Geuna, que es un faro para la familia. A sus abuelos Beto e Irma los “leles” cuyo profundo dolor no les permitía hablar de Monina pero mantuvieron viva la memoria con dos imágenes. Una foto de ella con su cabello al viento y  el muñeco Pupi que solía tener en su cuarto pero que no los dejaba tocarlo. A su tía Pelusa que siguió buscando y recordándola. ¡Graciela, presente!

Buscar y encontrar;  pelear para ser felices

Paula Mónaco Felipe, es hija de Luis Mónaco y Ester Felipe. Escribió un informe minucioso que da cuenta de la búsqueda y el encuentro, durante casi  50 años. Un recorrido que la mayoría de los familiares transitaron y escuchamos durante los juicios. “Ir a la comisaría, ir a la fábrica militar de pólvoras y  explosivos, golpear las puertas de cuanto lugar que se conozca desde el arzobispado a las Naciones Unidas. Mandar cartas a militares, cancilleres, embajadas. Presentar un habeas corpus, cuando el solo hecho de hacerlo era arriesgar la vida. Presentar dos, tres, muchos habeas corpus. Dar testimonio ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas  (Conadep), dar testimonio  en Argentina, Alemania y México. Dar testimonios donde sea. Resistir a la tristeza que todo lo invadía en cada reunión familiar, en cada cumpleaños, navidad, o aniversario: pelear por ser felices. Pensar, hacer el reloj del sol, memoria sin tiempo y un espacio público de memoria en Villa María”. Participar en charlas, presentaciones, debates, dar todas las entrevistas posibles, marchar y sumarse a todas las organizaciones posibles -APDH, HIJOS, y otras- presentar numerosas querellas. Para que se abra el juicio por la verdad, para que se investigue lo que pasó, y  para  que se investiguen los enterramientos clandestinos.

“Muchas visitas a estos tribunales, firmar papeles, que no sabíamos en que terminarían. Todo esto y mucho más cabe en el verbo buscar”.

Luego nombró a los integrantes de ambas familias  que lucharon por lograr justicia. “Somos muchos porque la desaparición forzada es como tirar una piedra en un estanque que genera ondas de dolor que se extienden a padres hermanos, sobrinos, tíos, que en este caso afectaron  a cuatro generaciones. Nombró a los  vinculados por sangre y por afecto.

Pero no solo ellos, reconoció al Colegio de Psicólogos cuya biblioteca lleva el nombre de Ester , y al Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación, donde Luis fue delegado. También agradeció a letrados, fiscales, jueces y  EAAF. A Silvia Di Toffino, que recorrió la provincia para buscar las muestras de ADN, entre ellos a sus  tíos.

“Gracias, millones de veces  gracias. Estoy convencida de que cada uno de esos esfuerzos,  empalmados, encadenados, sumados,  que han formado una gran ola que movió al mundo y cambiaron el destino y ahora empiezo a entender después de 48 años y tres meses, empiezo a  entender lo que significa encontrar”.

De Adrián a papá

Ernesto Ferreyra, es hijo de Adrián José Ferreyra Rivero. La madre de Adrián vive, su abuela, tiene 94 años. “Decidimos contarle y desde ese momento no dejó de preguntar por su hijo. Volvió a hablar y a llorar. Quiere a su hijo de regreso así que vamos a llevarle los huesos”. Confesó que le costó bastante “ver el dolor a los ojos de esta ausencia. Le preguntaba a mi madre, por qué no tenía papá. Y ella me dijo que no lo sabía y que lo estaban  buscando”. En Alemania donde vivió varios años se conectó con un terapeuta argentino y le dijo como al pasar “soy hijo de un desaparecido”. Durante cinco años Gabriel lo ayudó a lograr que a reconocer a su papá y dejar atrás a Adrián. En ese ínterin su mamá falleció a los 65 años. “Cuando fui padre hace 8 años entendí por primera vez lo que debía haber sentido al no poder conocerme. Nací 11 días después del secuestro en Cruz del Eje, estuvimos juntos en el mismo cielo sin vernos”.

Hace un año volvió a la Argentina porque “algo me llamaba y quería que mi hijo Nicanor viva aquí donde hay otra vida, más humana”. A los 50 años, no sabe por qué decidió visitar La Perla. Lo atendió Fernando y le dijo que “venía a cerrar una puerta y abrir otra”. Hace pocos días le llegó la noticia esperada. “Nos llena de alegría, paz,  esperanza” y anhela que un montón de gente encuentre a sus familiares.  “Hoy, estoy aquí no para decirle chau, sino para decirle hola”.

A continuación la sobrina  de Néstor Lellin D’Francesco, representando a la familia en que también estaba presente. “Somos familias rotas y de alguna manera  esto es reconstruirnos y sanar. Mis abuelos murieron buscando y mi papá esperando. Luego leyó un poema de su padre dedicado: a Néstor.

“Soy Carlos Davis Torres, hermano de Gustavo Daniel Torres (16)”. Recordó  en nombre de su familia a una de las primeras que tomó su caso, la abogada María Elba Martínez. Una  luchadora enorme que lamentablemente nos dejó y luego siguió Adriana Gentile. Comentó luego un diálogo que le llegó días atrás donde una de las personas descendiente del genocidio armenio dice: “la desaparición forzada es el peor castigo porque no solo te robaron la vida, también te roban la muerte, como dijo lamentablemente Videla, no están, son desaparecidos”.  Después recordó cómo fue secuestrado su hermano. “Robaron, comieron, y escuché que con voz finita él le decía: tengo derechos…pero no pude escuchar más porque lo llevaron. El 11 de mayo, se cumplieron 50 años. Creo que mi hermano, recupera algún derecho.

Mucho amor y mucha  verdad

Mariela Criscoide,  hija de Carlos Criscoide  y Rosa Godoy. “Siempre digo que soy orgullosamente H.I.J.A. con puntitos y hoy digo que soy hija de aparecidos. A mi papá lo secuestraron de la funeraria Punilla junto a un compañero. Después van a mi casa, donde estaba mi mamá que me tenía a upa. Me arrancan de sus brazos y me dejan con una vecina. Recupero mi familia, en un contexto distinto, pero fue muy lindo con mucho amor y sobretodo con mucha  verdad. Siempre supe que mis padres estaban desaparecidos y eso es reparador pero mis abuelas no tenían donde buscar.

Después retornó a Buenos Aire. A los 20 años, fue mamá y pensó “qué le  cuento”. Ro,  fue mi motor para la búsqueda”. Además, el nieto le dijo al oído: “Abu, estoy orgullosos porque encontramos a los dos y esto continúa para que los encontremos a todos.

Cuando terminó de responder preguntas Vaca Narvaja  despidió a los presentes con un “hasta la próxima conferencia de prensa”.

Andrea Taborda, es sobrina de Silvia del Valle  Taborda. Fue secuestrada a la madrugada en un camión militar, durante la madrugada, en el barrio Residencial América, el 11 de diciembre en 1975. Nunca más la vieron. “Somos una  familia numerosa, somos 21 sobrinos, tiene una hija con quien nos relacionamos en 2008. Tiene siete hermanos, sus padres ya murieron, son 51 años de esperarla, de querer encontrarla. Agradecemos esta verdad porque no se puede construir una democracia en un país justo de esa forma. Ayer, tuve la noticia que hay una organización en San Vicente con su nombre que realizan trabajos solidarios.

*Periodista. Agencia Prensared. Foto principal  Cispren. Fotos interiores cortesía Julio Pereyra. 

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