La Argentina que viene se escribe con un nuevo acuerdo nacional

Lo afirma el autor de esta columna. Advierte que “ningún proyecto de reconstrucción será legítimo sin justicia social”. Destaca la necesidad de un proyecto de país con amplios consensos que vaya más allá de “administrar el daño” y caminar hacia “una economía que produzca, dé trabajo y valore su propia riqueza natural e intelectual”.

Por Álvaro Ruiz Moreno*

Frente al agotamiento del ciclo neoliberal, la Argentina necesita algo más que siglas electorales: requiere un horizonte común, un programa serio y profundo que marque la salida.

La crisis que atraviesa la Argentina no se resolverá con la alquimia de los frentes electorales ni con la improvisación de figuras salvadoras. Hemos llegado a un punto en el que solo una hoja de ruta programática, clara y compartida, podrá ordenar las energías dispersas del campo nacional y popular. La experiencia histórica nos recuerda que los proyectos capaces de abrir etapas nuevas son aquellos que se animaron a pensar primero un rumbo, y recién después los nombres. Hoy, tras el experimento neoliberal más agresivo en décadas, la urgencia vuelve a ser la misma.

Ese programa debe partir de una convicción elemental: la soberanía no es un slogan, es una condición para la supervivencia democrática. El país necesita recuperar capacidad de decisión frente a los poderes que hoy imponen límites desde afuera —financieros, corporativos, tecnológicos— y que condicionan cualquier política orientada al desarrollo. Sin soberanía económica no habrá soberanía política, y sin ambas no habrá futuro posible.

También es indispensable reconstruir la arquitectura material del país. No alcanza con administrar el daño; hay que restaurar el control estratégico sobre los recursos esenciales, planificar el desarrollo productivo y recomponer un Estado presente y eficaz. La salida no está en perpetuar la Argentina extractiva y desigual, sino en impulsar una economía que produzca, dé trabajo y valore su propia riqueza natural e intelectual.

Pero ningún proyecto de reconstrucción será legítimo sin justicia social. El neoliberalismo deja como marca la desigualdad extrema y la fractura del tejido comunitario. En oposición a esa lógica, el nuevo acuerdo debe poner en el centro el trabajo digno, la redistribución del ingreso, la ampliación de derechos y la erradicación de la pobreza estructural. Un país que abandona a su pueblo renuncia también a su destino colectivo.

La democracia, por su parte, necesita ampliarse y no restringirse. En épocas de discursos autoritarios y tentaciones represivas, es vital recuperar una democracia participativa, con pluralismo político real, instituciones respetadas y ciudadanía activa. Sin libertades garantizadas, el debate programático es un lujo imposible.

La dimensión cultural también exige atención: Argentina debe reafirmar su identidad frente a la homogeneización global. Fomentar el pensamiento crítico, fortalecer la educación pública y promover la producción cultural propia es parte de la misma estrategia de liberación.

Finalmente, la reconstrucción nacional no puede pensarse aislada. La integración latinoamericana es un componente estratégico: cooperación económica, defensa regional de los recursos, soberanía tecnológica y alianzas políticas que nos permitan enfrentar juntos un mundo cada vez más desigual.

Este escrito no pretende clausurar discusiones, sino abrirlas. Es un punto de partida, una plataforma para sumar aportes y construir consensos. La salida de este ciclo neoliberal no será obra de un partido ni de un sector, sino de una unidad programática amplia, plural y profundamente democrática. Lo que viene requiere más que una alianza electoral: demanda un proyecto de país. Y ese proyecto empieza a escribirse ahora.

*Abogado y jardinero. Agencia Prensared. Imagen ilustrativa: Libres del Sur (Archivo).

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