El salario: De la supervivencia a la dignidad

Salarium viene del latín y se relaciona con la sal cuando era un recurso muy valioso. Desde el  pago en especies hasta  el sistema monetario moderno corrió mucha agua por debajo del puente. Reflexiones en torno al  recorrido en diferentes  tiempos históricos junto a la conquista de derechos en contraposición con lo ocurre ahora en Argentina.

Por Sergio Coria*

Durante buena parte de la historia humana, el salario ni siquiera existía.

En las sociedades esclavistas, el trabajo no se pagaba porque el trabajador no era considerado sujeto de derechos sino propiedad. La ecuación era brutal: alimento, techo precario, reproducción de la mano de obra, y obediencia. Nada más. No había remuneración porque no había libertad. No había remuneración porque tampoco había derechos.

Después, en el feudalismo, el siervo tampoco cobraba dinero. Trabajaba la tierra del señor a cambio de protección y de un pedazo mínimo para subsistir. El “pago” seguía siendo no morirse de hambre.

El salario apareció con las fábricas y el capitalismo. Pero su sentido inicial fue crudo: pagar lo justo para que el obrero comiera hoy y volviera mañana. No estaba pensado para vivir mejor, sino para seguir produciendo.

Durante la Revolución Industrial, eso significó jornadas eternas y sueldos miserables. Familias enteras trabajando para apenas llegar a fin de mes. Vivir era resistir.

Las cosas cambiaron cuando los trabajadores se organizaron. Con huelgas, sindicatos y luchas sociales nació otra idea: el salario debía alcanzar para una vida digna.

Descanso. Salud. Educación. Tiempo libre. Jubilación. Futuro.

El sueldo dejó de ser sólo un costo empresario y pasó a ser un derecho social.

Curiosamente, hasta algunos industriales lo entendieron. A comienzos del siglo XX, Henry Ford duplicó el salario de sus obreros. No por caridad: por lógica. Decía que un trabajador bien pago rendía más y, además, podía comprar lo que la fábrica producía. El salario también era motor del mercado interno.

Pagar mejor no fundía a la empresa. Hacía crecer la economía. Sin embargo, más de un siglo después, vuelven discursos que parecen olvidarlo todo. Bajo palabras amables como “modernización” o “flexibilización”, lo que se propone es achicar indemnizaciones, debilitar convenios y facilitar despidos.

En criollo: menos derechos y sueldos más flacos. Y cuando el salario baja, ese dinero no desaparece. Cambia de manos. Es una transferencia silenciosa desde quienes viven de su trabajo hacia quienes concentran ganancias.

La historia del salario fue un camino largo: de la esclavitud a la subsistencia, y de ahí a la dignidad.

Retroceder ahora sería volver a empezar. Porque el salario nunca fue sólo plata.

Es la medida concreta de cuánto vale la vida de quienes sostienen todo con su trabajo.

Y eso no debería “modernizarse” a la baja.

 

*Periodista. Ex miembro de la comisión directiva del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTAA) en diferentes periodos. Bajo licencia Creative Commons. Ilustración del autor “Involución de la dignidad”,  arte digital mediante  IA.

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