En el Juicio Videla y otros, que tiene lugar en la Torre de Tribunales Federales, declararon tres testigos, expresos políticos detenidos en la Unidad Penitencia n°1 (UP1). Contaron cómo se enteraron de la masacre y el mensaje atroz enviado a través de Eduardo de Breuil el 12 de agosto de 1976.
Por Katy García*
Durante la tercera audiencia del nuevo juicio Videla y otros, que tramita el TOF 1, declararon tres testigos ante el tribunal presidido por Facundo Zapiola, con la presencia de las partes. Los imputados fueron absueltos por el TOF 1 en 2010. Osvaldo César Quiroga, está imputado por los delitos de homicidio calificado en perjuicio de las víctimas, Miguel Hugo Vaca Narvaja (h), Gustavo Adolfo De Breuil y Arnaldo Higinio Toranzo (Causa UP1). En tanto que Gustavo Rodolfo Salgado, afronta los cargos de privación ilegal de la libertad agravada y tormentos, en perjuicio de Luis Alberto Urquiza.
Los testigos declararon que el 12 de agosto de 1976 las personas nombradas fueron retiradas por personal militar. Tres fueron fusiladas en la zona de Chateau Carreras. Después los medios publicaban que “Tres guerrilleros fueron abatidos por efectivos militares cuando intentaban huir…”. Al sobreviviente, maniatado y vendado le hicieron ver la masacre y lo enviaron a la cárcel con el mandato de informarles a los demás que eso nos iba a pasar a todos.

El pasado jueves 21, declararon Daniel Juez (77), Enrique Asbert (76) y Luis Miguel Baronetto (76), expresos políticos alojados en la UP1 cuando sucedieron los hechos que se investigan.
Daniel Juez (77) fue el primero en brindar su testimonio relacionado con estos hechos. Relató que había sido detenido en diciembre de 1975 y que tras el Golpe de estado de 1976, todo cambió. “Nos quitaron todos los beneficios y permanecíamos encerrados todo el día. Nos bailaban y gomeaban, ése era el nuevo régimen”, afirmó. Acerca del traslado de las víctimas indicó que aquella mañana, del 12 agosto de 1976 “nos pegan el grito: ¡contra la pared!”. De espaldas, escuchó que los nombraban uno por uno. A las dos horas, más o menos “volvió Eduardo de Breuil y nos fuimos enterando por su relato que los había sacado personal militar; que él los pudo ver, porque cuando escuchó unos disparos le levantaron la venda y le dijeron que nos avisara, porque así íbamos a terminar nosotros. Estábamos a la espera de que nos mataran”, dijo al final.
El Ejército Argentino, te va a matar
Enrique Asbert, ingresó al recinto seguro, porque pensó y decidió que su testimonio daría cuenta de los hechos que tenían que ver con “Huguito” Vaca Narvaja, porque era su amigo y tenían casi la misma edad.
Contó que en mayo de 1976 “Hugo fue retirado por autoridades de la UP1 del pabellón 6, donde compartíamos celda y ese mismo día lo reintegran”. Después de celebrar su vuelta y comer un pedazo de pan le sugirió que no cementaran lo sucedido porque: “a mí, Turquito, me van a matar”. Luego le pidió que “lo velara en vida” porque estaba seguro de que ese sería su destino. En esa conversación, le pidió que les avise a sus hijos que “lo disculpen porque no pudieron realizar el viaje a las sierras como les había prometido”, evocó, con la voz entrecortada, superado por la emoción. Finalmente se acordó de las palabras del oficial del ejército que lo llevó y trajo de vuelta la primera vez. “Te salvaste pibe porque hemos cubierto el cupo de subversivos que tenemos asignados para matarlos. Pero te vamos a matar. El Ejército Argentino, te va a matar”, le dijo el militar identificado como el Capitán.

¡Viva Perón, Carajo!
Cada vez que ingresaban los militares “se sentía un silencio que anticipaba palizas, algún hecho lamentable, o venían a retirar personas para luego fusilarlos”. En ese silencio, cuenta, escuchó el nombre de Hugo Vaca Narvaja y, a través del “periscopio” (instrumento creado con espejos por los presos que permitía ver una zona alejada desde donde estaban) pudieron observar lo que sucedía en el otro sector del pabellón.
Relata que cuando abren la celda, sale Hugo. Dos guardias lo conducen cerca de la celda n°1. En ese momento, pudo escuchar que su amigo se despide de los compañeros. “Pegado a la reja, dijo: ¡Viva Perón, Carajo! El guardiacárcel abre la cadena y esa fue la última vez que lo vi”. Como si fuera un soliloquio dice: “me parece que tenía la obligación de venir al Tribunal para compartir esta verdad con el amigo muerto”.
Aclaró que se enteró de lo ocurrido por Eduardo de Breuil quien recibió “la precisa advertencia y la instrucción de los fusiladores, que le habían hecho ver los cadáveres, para que nos haga saber al resto de los presos que ése era el destino que nos iba a pasar a todos”, concluyó.

El Capitán QuirogaLuis Miguel Baronetto (76), contó que el 12 de agosto de 1976, estaba en el pabellón 8. Contó que a eso del mediodía los sacaron a los cuatro y a la hora, lo traen de vuelta a Eduardo de Breuil. De a poco, dice, se fueron enterando a través del sobreviviente el contenido del mandato del Capitán. El que los retiró de la cárcel y los condujo al lugar donde los fusilaron. Los tres – Gustavo De Breuil, Hugo Vaca Narvaja (h) y Toranzo-, estaban maniatados y vendados. “Eduardo contó que los llevaron en dos vehículos distintos hasta un lugar que identificó como una dependencia del ejército. Los bajaron, los tuvieron sentados en el piso. No pudo ver a ninguno en concreto, pero escuchó, que se referían al Capitán y a un hombre de apellido Daloia que se refería a un partido de fútbol. Esa persona, comentó: “cállate boludo que estos son subversivos”. Después, los suben y llevan por un camino de tierra hasta un lugar que parecía ser la zona del Chateau Carreras.
En un momento uno de los integrantes del grupo de militares dijo : “qué trabajo de mierda”, y el Capitán le respondió que tenían que aguantarlo porque “así es la guerra”. Luego, escucharon disparos de armas de fuego. Entonces, lo bajan y le dicen que no levante la cabeza. Lo desatan y le bajan la venda “para que vea a los tres compañeros muertos. Luego, lo subieron al automóvil y lo llevaron a la cárcel “con la consigna de que cuente lo que había visto, porque eso era lo que nos iba a pasar a todos”. Así actuaron los “valientes militares del ejército argentino, criminales, cobardes; no puedo decir otra cosa”, dijo, el testigo, en tono enérgico. Recordó que “los presos políticos estábamos a cargo de la justicia federal, desde diciembre de 1975, a disposición del PEN. Por eso, la responsabilidad de los fusilamientos se la atribuyó a los jueces que ordenaban sacar a los presos de la cárcel”, explicó.
Ante una pregunta de la defensa acerca de cuál es la relación entre el Capitán y Quiroga, dijo que cuando el jefe de la penitenciaría, el prefecto (José Alberto) Torres, observó que los presos eran retirados y no volvían “empezó a cuidar sus espaldas”. Para el testigo debe haber un listado con los nombres y cargos de los que se ocupaban de retirar a los presos para luego matarlos.

Lo sacaron porque era un Vaca Narvaja
Declarar varias veces para colaborar con la justicia no es una tarea fácil. Así como los testimonios son fundamentales como prueba judicial también pueden generar revictimización. Nada garantiza que en medio del relato aun cuando hubo acompañamiento psicológico, la persona se desmorone emocionalmente. Es lo que le pasó a Baronetto mientras evocaba la figura de Hugo Vaca Narvaja (h) y trataba de analizar y entender por qué lo llevaron. Por varios minutos, no pudo seguir. Una vez recompuesto, contó que era apoderado del Partido Peronista Auténtico, con quien se veía seguido porque era miembro de la Junta promotora. Además, fue funcionario del gobierno de Obregón Cano, derrocado por un golpe de Estado policial. “Era una persona muy conocida”, sintetizó. “Pienso que lo sacaron porque era un Vaca Narvaja, hermano de uno de los jefes Montoneros, militante político, y defensor de presos políticos”, redondeó. Recordó además que antes lo habían sacado junto a Cristian Funes (fusilado) y Federico Bazán (sobreviviente). Los llevaron al campo de la Ribera y los trajeron de vuelta ese mismo día. “Era una amenaza, porque era alguien que ponía el cuerpo”.
La comisión Homenaje
En otro tramo del testimonio cuando la defensora técnica le preguntó cómo relacionaba el apellido Quiroga con “El Capitán” recordó que el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) presidido por Adolfo Pérez Esquivel, y María Elba Martínez, en Córdoba, junto a un equipo integrado por Liliana Lesgart, Marta Cisneros y Teresa García, investigaron todo lo que tuviera relación con la causa para armar el rompecabezas creado por los represores y avanzar contra la impunidad. De estas indagaciones, le parece, surgieron los nombres de los militares que retiraban a los presos de la cárcel. En el caso del testigo, fue el coronel Vicente Meli, jefe del Estado Mayor de la IV Brigada Aerotransportada. “Así surgió el nombre de Quiroga a quien nosotros identificamos como el Capitán”, señaló.
También se refirió a la participación activa de hijos e hijas de las víctimas que se organizaron en la Comisión homenaje UP1 que año tras año, organizaron actividades en el ingreso de la cárcel para construir memoria, hacer visible la causa ,y obtener justicia.

El próximo 2 de septiembre, el Tribunal mostrará testimonios grabados en video durante el juicio realizado en 2010. Oportunamente se informará el lugar y la hora. Cronograma probable: 10 de septiembre, 17, y 1° de octubre. El juicio es oral y público. Pueden asistir personas mayores de edad con el DNI.
*Periodista. Agencia Prensared. Fotos con celular: Prensared.
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