A 50 años del Golpe de estado cívico militar, más de 200 mil personas marcharon desde la esquina de Cañada y Colón hasta Tribunales Federales con la consigna ” Más que Nunca, Nunca más”, en el día nacional de la memoria, por la verdad y la justicia. Se leyó un documento y homenajeó a los familiares de las 12 personas identificadas y a Coca Luján de Molina, que falleció días antes.
Por Katy García*
En la ciudad de Córdoba, este martes, una multitud de personas salió a las calles a conmemorar los 50 años del último Golpe de estado que ejecutó “un plan sistemático para desaparecer personas, para callar ideas, para disciplinar a un pueblo que soñaba con justicia social, con igualdad, con dignidad e imponer un modelo de sociedad basada en la especulación y el sálvese quien pueda. Por eso gritamos: Fue genocidio”, expresa al inicio el documento que leyeron Adriana Ochoa (Familiares de desaparecidos y detenidos por razones políticas) y Sol Yornet (Nietes).
Homenajearon a los querellantes y familiares de las 12 personas identificadas. Habló Graciela Geuna, una de las querellantes, en la causa de Enterramientos Clandestinos, que se tramita en el juzgado n°3 a cargo del juez Hugo Vaca Narvaja. Se honró la trayectoria de Coca Luján de Molina, quien falleció días antes y se evocó que hace 40 años, se dictó la sentencia a cinco de los nueve integrantes de las tres primeras Juntas Militares.
El documento reivindica la lucha del movimiento de derechos humanos, a las y los desaparecidos que “representaban la esperanza de una Argentina distinta”, y sostiene que “sin identidad y sin justicia no hay democracia plena”. Critica a los legisladores que aprobaron leyes en contra de las conquistas del pueblo y reclama que se cumplan las leyes que garanticen las políticas de estado de memoria, verdad y justicia. Recuerda que el Nunca Más “se construye todos los días. En las aulas. En los barrios. En los sindicatos y en los centros de estudiantes”. A continuación el texto completo.

A 50 años Compañeras, compañeros, compañeres:
“Hoy no es un día más. Hoy la historia respira entre nosotros. Caminamos sobre un suelo marcado por 30.000 pasos de aquellos que nos marcaron un camino, por estas grietas bajo nuestros pies, se filtran años y años de luchas, de resistencias, de rebeldías y sueños, pero por sobre todas las cosas de Flores Rojas y pañuelos.
Hace 50 años, un 24 de marzo, el terror intentó adueñarse de la Argentina. No fue solo un golpe de Estado: fue un plan sistemático para desaparecer personas, para callar ideas, para disciplinar a un pueblo que soñaba con justicia social, con igualdad, con dignidad e imponer un modelo de sociedad basada en la especulación y en el sálvese quien pueda….Por eso gritamos: Fue genocidio!
Y si hoy estamos acá, si seguimos nombrando a los 30.000, si seguimos marchando, es porque hubo quienes nos legaron un ejemplo, fueron muchos los que no se resignaron al silencio. El movimiento de derechos humanos es la base sobre la cual pudimos construir un camino que afianzó la democracia en éste país. Son las Madres caminando en ronda cuando el miedo mandaba. Son las Abuelas buscando nietos cuando el poder decía “acá no pasó nada”. Son los H.I.J.O.S, reivindicado la lucha de sus padres
Son los familiares, los sobrevivientes, los abogados, el movimiento obrero organizado, los militantes que sostuvieron la memoria. Es una sociedad entera diciéndole a la dictadura que no logró su objetivo. Son más de 300 nietos y nietas que aún hoy buscamos.
Emocionados asistimos hoy a nuevos hallazgos en el ex centro clandestino La perla donde el equipo de antropología forense realiza un trabajo incansable de búsqueda, permitiendo identificar los restos de 12 de nuestros compañeros, en un lugar que los testigos vienen señalando hace más de 30 años.
No se trata solo de una certeza forense: es un acto profundo de reparación. Es un nombre que vuelve a su historia, una familia que puede cerrar una herida abierta durante décadas, una comunidad que transforma el dolor en verdad.
Ellos son: Eduardo Jorge Valverde Suárez Mario Alberto Nívoli Cecilia María o Adriana María Carranza (las mellizas) Ramiro Bustillo Oscar Reyes Raúl Oscar Ceballos Carlos Alberto D’ambra Villares Alejandro Monjeau López Jose Nicolás Brizuela Sergio Julio Tissera Pizzi Elsa Mónica O’kelly Pardo.

Sin identidad y sin justicia no hay democracia plena. Por eso cada nieto encontrado y cada compañero identificado fortalecen nuestro pacto democrático: porque una democracia sólida se construye sobre la verdad, y la verdad, en la Argentina, se conquista luchando.
Mientras en nuestra provincia celebramos los 20 años de la sanción de la Ley Provincial de la Memoria, con Espacios de Memoria que son referencia mundial: el gobierno libertario desfinancia los espacios que dependen de la Nación.
Abrazamos a los compañeros que hoy ven comprometidos tanto su puesto de trabajo como las políticas públicas que llevan adelante. No queremos pasar por alto lo que este gobierno negacionista y apologista está haciendo con las políticas públicas que tanto nos costó construir.
No al vaciamiento y destrucción de la CONADI y el banco nacional de datos genéticos. Y en ese camino de lucha contra la impunidad, este pueblo también supo transformar el dolor en estrategia y la denuncia en justicia. Cuando las leyes y los tribunales cerraban sus puertas, aparecieron los escraches como un grito colectivo, como una forma de señalar a los responsables que seguían viviendo en libertad, de romper el silencio y decirle a la sociedad quiénes eran.
Fueron años en los que la memoria se sostuvo en las calles, en la organización, en la valentía de no olvidar. Y esa persistencia abrió el camino: lo que empezó como condena social se convirtió, con el tiempo, en condena judicial.
La anulación de las leyes de impunidad y la reapertura de los juicios de lesa humanidad no fueron un regalo: fueron una conquista de la lucha popular y de los organismos de derechos humanos. Ese paso, de los escraches a los tribunales, es una de las mayores fortalezas de nuestra democracia: la prueba de que cuando un pueblo no se resigna, la justicia finalmente llega.
Seguimos exigiendo a la justicia el avance de los juicios que faltan y que se termine con dar domiciliarias a cualquier genocida que la pida. Queremos garantías que sean otorgadas como corresponde y que el poder judicial controle su efectivo cumplimiento ya que hasta que no nos digan donde están los desaparecidos y los nietos apropiados siguen cometiendo delitos de lesa humanidad.

Porque cuando desde el poder se relativizan los crímenes, cuando se habla de “excesos” en lugar de genocidio, cuando se desacredita la lucha histórica por los derechos humanos, no es un debate semántico inocente: es un retroceso civilizatorio.
Nos preocupa un presente donde se naturaliza el ajuste como único horizonte, donde se desprecia al Estado como herramienta de justicia, donde se estigmatiza al que piensa distinto, al que protesta, al que reclama.
Nos preocupa un clima político donde la crueldad se vende como sinceridad y la desigualdad como destino inevitable. Y no es un fenómeno aislado.
Vemos en el mundo discursos que exaltan el autoritarismo, que desprecian los consensos democráticos, que levantan muros en lugar de puentes.
Vemos modelos que convierten el odio en estrategia y la mentira en método. Nos quieren vender como nuevo algo que ya se hizo y fracasó. La historia ya nos enseñó a dónde conducen estos caminos.

Por eso estamos acá. Porque cada vez que se debilita la memoria, se fortalece la impunidad. Cada vez que se deslegitima la política, crece el poder de los que no rinden cuentas. Cada vez que se ridiculizan los derechos, alguien queda más sólo, más vulnerable, más descartable. Y este pueblo sabe —lo aprendió con dolor— que cuando el “sálvese quien pueda” avanza, la democracia retrocede.
En estos 43 años de democracia, la historia argentina nos ha enseñado que la dictadura no fue solo un proyecto de terror: también fue un proyecto económico. Un modelo que concentró la riqueza, endeudó al país, debilitó el trabajo y buscó disciplinar a la sociedad para que unos pocos pudieran decidir el destino de todos.
Y cuando hoy vemos políticas que vuelven a poner en el centro la especulación financiera, que golpean a la producción, que empujan a millones a la incertidumbre, que destruyen los derechos conquistados y mientras privilegian a los mismos sectores concentrados, la memoria nos obliga a encender las alarmas.
Hoy podemos reconocer que hay ideas económicas que ya conocemos, caminos que ya transitamos y consecuencias que nuestra sociedad ya sufrió. Por eso, recordar también es discutir qué país queremos construir: uno donde la economía esté al servicio de la vida digna de las mayorías, y no de la ganancia de unos pocos.
Vemos cómo sin dudar nuestros representantes levantan las manos en el congreso para aprobar leyes que destruyen las históricas luchas de nuestro pueblo, sin ruborizarse votan por una Argentina con trabajadores sin derechos laborales, discapacitades sin asistencia, universidades sin presupuestos, abuelos sin jubilación.
Quieren destruir cualquier resabio de soberanía nacional. Y también es necesario recordar algo fundamental: nuestros desaparecidos no son una abstracción, no son un número en la historia. Son estudiantes, trabajadores, docentes, obreros, militantes sociales y políticos que soñaban con un país más justo.
Muchos de ellos se organizaban, debatían, luchaban y se comprometían justamente contra el modelo económico y social que la dictadura quería imponer: un país con menos derechos, con menos participación popular y con la riqueza concentrada en pocas manos.
Por eso fueron perseguidos. Por eso quisieron desaparecerlos: porque representaban la esperanza de una Argentina distinta. Recordarlos hoy no es solo honrar su memoria, es recoger esa posta histórica.

Es entender que la democracia se defiende todos los días, participando, organizándonos y levantando la voz frente a cualquier intento de retroceso. Porque la Memoria de este nuestro país nos dejó una enseñanza clara: cuando la sociedad se compromete y se moviliza, el “Nunca Más” deja de ser una consigna y se transforma en una realidad que se construye entre todos.
Y en este presente convulsionado, no podemos mirar para otro lado frente a lo que sucede en el mundo. La escalada bélica en Medio Oriente, con ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán y una respuesta que amenaza con expandir el conflicto a toda la región, vuelve a poner en riesgo la vida de millones.
Nunca una intervención militar imperialista terminó en más democracia para el país intervenido pero sí en ganancias para las empresas del país invasor. Mientras tanto, en Gaza, la violencia persistente y las condiciones de vida impuestas sobre la población civil por el Estado Genocida de Israel siguen siendo denunciadas por organismos internacionales, con cientos de víctimas, en especial mujeres y niños.
Cuando los pueblos quedan atrapados entre intereses geopolíticos, cuando las vidas civiles se vuelven daños colaterales, la humanidad entera retrocede. Por eso, desde esta memoria construida en lucha, alzamos la voz también contra la guerra, contra toda forma de violencia sobre los pueblos, y en defensa de una paz con justicia, porque no hay democracia verdadera en ningún rincón del mundo si se naturaliza el sufrimiento de otros pueblos. ¡Viva Palestina Libre!
Pero también sabemos otra cosa: que cuando el pueblo se organiza, la historia cambia. Estamos acá no solo para recordar a quienes faltan, sino para hacernos cargo de quienes estamos. Para decir que la democracia no es solo votar: es participar, es debatir, es involucrarse, es defender al otro cuando lo atacan, aunque no piense igual que nosotros.
El “Nunca Más” se construye todos los días. En las aulas. En los barrios. En los sindicatos. En los centros de estudiantes. En cada espacio donde alguien decide no ser indiferente. La dictadura quiso una sociedad con miedo. Nosotros elegimos una sociedad con memoria. La dictadura quiso silencio. Nosotros elegimos la palabra. La dictadura quiso obediencia. Nosotros elegimos la lucha.
Esta fecha no es solo un recuerdo. Es una semilla. Sigue siendo muy importante decir Nunca Más a la violencia sistemática y a la miseria planificada. No únicamente como un recuerdo del pasado reciente sino algo que sigue pasando todos los días, que tiene que ver con las desapariciones forzadas, la apropiación de las identidades y la destrucción de la matriz productiva, del trabajo, de nuestro país.
Mientras el Estado no busque a los desaparecidos, no encuentre a los nietos y no derogue las leyes económicas de la dictadura seguimos viviendo bajo los peores horrores de ese pasado. Córdoba en el ’74, cuando ocurrió el Navarrazo, levantamiento policial que interrumpió la democracia de nuestra provincia, tenía un aparato industrial enorme.
Los jóvenes en esa época tenían trabajo y mejores condiciones para vivir que nosotros ahora y se implementó un plan sistemático de secuestro, tortura y exterminio -precisamente- para cambiar por la fuerza ese modelo productivo. Cerrando fábricas, destruyendo las escuelas técnicas, cerrando carreras en la universidad pública y prohibiendo espacios culturales y de encuentro para lograrlo.
Cuando volvió la democracia Córdoba tenía su aparato productivo totalmente diezmado, desempleo terrible y el segundo centro clandestino de exterminio de personas más grande del país.
Hoy hay jóvenes que no tienen dónde trabajar, cómo estudiar, que no saben dónde están sus familiares secuestrados, asesinados y ocultados, jóvenes que tal vez viven con otro apellido y con otras familias porque sus padres han sido apropiados y viven una identidad falseada. Salgamos de acá con más compromiso, con más organización, con más democracia en las manos.
Hoy los organismos de derechos humanos de Córdoba los necesitamos más cerca que nunca, te invitamos a defender lo conseguido.
Ya les volteamos las leyes de impunidad, ya les volteamos el 2×1, Si vuelven a intentar sembrar la impunidad en las calles nos encontrarán. Porque ellos, ellas y elles nos dejaron una tarea. Y nosotros todos los días intentamos seguir su ejemplo.
30.000 compañeras y compañeros detenidos-desaparecidos ¡Presentes! ¡Ahora y siempre!
Córdoba, 24 de marzo de 2026.-
*Periodista. Agencia Prensared. Texto y fotos: Cobertura colaborativa de la Mesa de Trabajo por los Derechos humanos.
www.prensared.org.ar

