Cuando el algoritmo entra a la interna

El peligro de reemplazar el debate político tradicional por la lógica de las operaciones digitales  terminan debilitando los vínculos internos del campo popular. Las dinámicas internas  y el riego de socavar  la construcción colectiva.

Por Nora Merlin*

El avance del tecnofeudalismo y la subordinación geopolítica a los centros de poder transnacional no operan únicamente en las altas esferas de la macroeconomía o en los acuerdos de ciberseguridad de código cerrado. Esa colonización invisible que terceriza nuestra soberanía tecnológica y oscurece el proceso electoral no queda afuera: se mete puertas adentro y tiene un impacto directo y corrosivo en nuestros vínculos. Cuando las lógicas de la guerra híbrida, el fuego cruzado de ejércitos automatizados y el uso de operaciones psicológicas se naturalizan, el primer lugar que colonizan y fragmentan es la propia fuerza política.

En las dinámicas internas del campo popular y del peronismo, este proceso ya se despliega con claridad a través de tres dimensiones críticas que socavan la construcción colectiva.

En primer lugar, asistimos a una fragmentación por saturación. Las diferencias estratégicas, los matices ideológicos y la rica tradición de debate político —históricamente procesada en los organicismos, la discusión cuerpo a cuerpo y el despliegue territorial— se ven contaminadas por métodos importados de las fábricas de desinformación y las granjas de trolls. La disputa interna se degrada: ya no se trata de persuadir políticamente, sino de desgastar al compañero mediante operaciones de hostigamiento, campañas de cancelación y la viralización sistemática de la sospecha.

En segundo término, se produce un desplazamiento del debate político por la lógica de la cancelación. Las herramientas de la llamada capa cognitiva —como la minería de datos, los perfiles psicométricos y la agitación de la bronca— no hacen distinción: operan igual contra el adversario que contra el propio compañero. Están diseñadas para polarizar, inocular desconfianza y fracturar los vínculos de solidaridad que constituyen el tejido de una organización política. El resultado a la vista es un debate empobrecido, donde el pensamiento crítico cede el paso ante el algoritmo de la confrontación permanente y el estímulo del miedo.

Finalmente, este cuadro deriva en una peligrosa pérdida del lazo político genuino. El movimiento nacional y popular se funda en la construcción comunitaria, la asamblea, la palabra empeñada y la articulación solidaria. Cuando la política interna queda supeditada a quién “gana” a base de agresiones y bronca, la política entra en retirada y el territorio es desplazado por la simulación.

Justamente en estos días, al cumplirse un nuevo aniversario de aquel trágico 25 de septiembre de 1973 en que se consumó el asesinato de José Ignacio Rucci, la historia nos interpela con crudeza. Aquel hecho marcó un quiebre profundo en el frente interno, revelando la extrema fragilidad del pacto político interno que constituye el pilar de toda comunidad. Cuando se rompe la prohibición fundamental de atentar contra el propio par, la cultura política se desploma y se abre el abismo de la autodestrucción. Hoy, esa misma pulsión destructiva muta hacia las pantallas y el entorno digital.

Si el campo popular naturaliza las herramientas psicopolíticas de la ingeniería social —como el odio, la demonización, la degradación— para dirimir sus propias tensiones, se debilita la política y no hace más que convalidar el juego del adversario

El desafío ético y político es rotundo: no se puede enfrentar al tecnofeudalismo reproduciendo su misma lógica ni utilizando los métodos del enemigo. La justicia social, el respeto a la comunidad organizada y el lazo compañero no entran en un algoritmo.

La soberanía política y la recuperación del lazo comunitario exigen, antes que nada, desactivar el algoritmo de la discordia interna para volver a poner la política al servicio de la independencia económica y la soberanía política.

 

*Psicoanalista, Docente universitaria. Fuente: Página 12 https://www.pagina12.com.ar/ Foto Leandro Teysseire.

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