¿Fin de un ciclo? Mientras se desarrollan las negociaciones en Ginebra entre las delegaciones de Irán y Estados Unidos, Trump evalúa una ofensiva militar presionado por la política interna. Ambos contendientes aspiran a ganar tiempo. Irán porque intuye que se encuentra frente a un momento decisivo para la República Islámica; Estados Unidos para continuar acumulando fuerzas.
Por Marcelo Caracoche*
El jueves 25 se reanudaron las conversaciones en Ginebra entre las delegaciones de Irán y Estados Unidos. Después del encuentro, el negociador de Irán, Araghchi, declaró: “Nos encontramos cerca de un acuerdo en algunas cuestiones; a partir del lunes comenzaremos con conversaciones técnicas”.
Mientras tanto, el Presidente Trump se reunió con el almirante Brad Cooper y el general Caine, que le presentaron las posibles opciones militares alternativas a la gestión diplomática. En Ginebra, Witkoff y Kushner se declararon “desilusionados de las propuestas de Irán”, lo que se relaciona con las sucesivas declaraciones de Abbas Araghchi, que manifestó que Estados Unidos debería bajar el nivel de exigencias para llegar a un acuerdo. Hay una evidente distancia entre las partes.
La tensión que rodea las negociaciones se alimenta también de los rumores que llegan desde Washington. Es allí donde se cruzan las líneas de la administración en política exterior, en gran parte influida por la política interna. El Presidente ha sufrido algunos golpes, como la decisión de la Suprema Corte de declarar ilegal la política de aranceles, el malestar en la base MAGA, los resultados de la economía, las revelaciones de los documentos Epstein. Una reciente encuesta reveló que la aceptación del Presidente ha bajado al 36%.
Dave DeCamp en Antiwar ha declarado que en una de las últimas reuniones informativas en la Casa Blanca sobre la cuestión iraní, y según filtraciones recibidas por Axios, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, sería poco partidario del conflicto respecto a un eventual ataque a Teherán. Caine sostiene que “si la guerra se prolongara, costaría muchas vidas americanas”; además, hay una cuestión logística: “Cualquier guerra contra Irán agotaría nuestras reservas militares, dado que Estados Unidos ha utilizado un gran número de interceptores para defender Israel en junio de 2025”.
Caine fue un entusiasta planificador y ejecutor del ataque a Caracas, pero The New York Times sostiene que “Caine no puede dar las mismas garantías de éxito aseguradas para Venezuela”.
Otro de los escépticos sobre la opción armada es el Vicepresidente J.D. Vance, aunque sostiene que, si Trump toma esa decisión, nadie osaría contradecirlo. Mientras tanto, Trump ha desmentido el rumor de que Estados Unidos lanzaría un ataque limitado y que no existen dudas sobre la línea de la Casa Blanca, sobre todo porque dichos rumores pueden corroer la política del despliegue armado para presionar a Irán. Y en segundo lugar, si ordenara el ataque, no puede permitir que en los medios se sostenga que el comandante de las operaciones tenga dudas sobre estas.
Una de las personas más cercanas al Presidente es Lindsey Graham (gran sostenedor de Kiev). En la práctica es portavoz de los neocon y conocedor de las internas de gabinete y alrededores; sostiene que algunos de los consejeros de Trump “le están aconsejando no bombardear Irán”. En las antípodas de las razones de Caine, Graham ha aconsejado a Trump ignorarlas, agregando que “las pérdidas de soldados americanos se justifican porque se evitará un mal mayor”.
La situación inquieta a Tel Aviv. Channel 12 News de Israel informó que las vacilaciones de Washington provocan preocupación en la dirigencia israelí.
Además han causado sorpresa las declaraciones a Fox News el sábado 21 de Steve Witkoff, anunciando que a Teherán le bastaría una semana para construir la bomba atómica. La frase recuerda la propaganda que cada tanto se desencadena en los medios; curiosamente, la desmentida llegó desde el Jerusalem Post el domingo 22, dado que “Irán no tiene acceso a los materiales y máquinas para enriquecer el uranio”.

La alucinante declaración de Witkoff podría tener otra explicación. Si se busca un acuerdo, también es necesario venderlo como un clamoroso éxito, un éxito que justifique los millones de dólares gastados para enviar a Medio Oriente la armada invencible de Trump. Evitar una amenaza como la de bloquear la bomba, claramente inexistente, podría servir para lograrlo.
Para el ataque, además, existe otro obstáculo, que es la autorización del Congreso. La Casa Blanca ya forzó la situación en Venezuela y desde el Congreso se elevaron voces indignadas. Algunos analistas piensan que Estados Unidos podría crear una situación que provoque una respuesta armada de Irán, como daños o muertos sobre un buque americano o en una base en la zona de conflicto, para arrancar la autorización parlamentaria.
Trump, además, está condicionado por la War Power Resolution de 1973, que prevé que el Presidente puede desplegar tropas y ordenar ataques, pero con el límite temporal de 60 días, a menos que en ese lapso el Congreso haya votado apoyando las medidas del Presidente.
Otro condicionamiento es que el portaaviones Gerald Ford todavía está navegando hacia el área de crisis; este buque posee los aviones capaces de realizar ataques electrónicos e informáticos Shock and DDoS (Distributed Denial of Service), utilizados en Venezuela para neutralizar la defensa aérea; apenas el buque esté en zona operativa, las chances estadounidenses mejorarían.
La agencia Global Beacon sostuvo que la tecnología, potencia aérea y medios de Estados Unidos son superiores a Irán. Obviamente no hay paridad, pero “el programa bélico aéreo iraní está proyectado para que se resuelva en un conflicto extremadamente duro, costoso y con riesgos para Estados Unidos”.
Scott Ritter, premio Pulitzer 2002, en un extenso artículo publicado en Forumgeopolitica, sostiene que la diplomacia para Estados Unidos no es una opción; se negocia sobre los límites del enriquecimiento del uranio, pero el objetivo estratégico de Trump es el cambio de régimen.
En este camino, no declarado con evidencia, quedan señales que lo confirman, como las declaraciones de Scott Bessent en el World Economic Forum: “El Presidente Trump ha ordenado al Tesoro y a nuestra división OFAC (Office of Foreign Asset Control) ejercer la máxima presión con Irán, y ha funcionado porque en diciembre su economía se ha derrumbado, quebró un banco importante, el banco central comenzó a imprimir moneda, hay carencia de dólares, no pueden importar mercaderías y por esto la gente gana la calle. Se trata de política económica, sin disparos, y está funcionando”.
En este punto iniciaron las protestas y los paros de los comerciantes de Teherán, que pidieron la intervención del gobierno para enfrentar la inestabilidad del mercado. Al tercer día de protestas, ya extendidas hacia las provincias, el Presidente Pezeshkian anunció que estaba escuchando los reclamos y había formado un equipo especial para elaborar una nueva política económica.
Pero ya las protestas habían tomado otro rumbo. Se exigía el fin del gobierno de los ayatollah, la caída del régimen, y funcionó muy bien la difusión digital que esparció por el mundo la idea de que la motivación de las manifestaciones era la caída del régimen.
El secreto de la difusión han sido las terminales Starlink introducidas en Irán a través de los años; el cálculo de Scott Ritter va de 70.000 a 100.000 unidades, la mayoría introducidas siguiendo las tradicionales vías del contrabando. Muchas de estas terminales habían sido puestas al día por operadores de servicios extranjeros, como la famosa Unidad 8200 israelí. Dichas intervenciones modificaron las terminales para comunicar con total seguridad utilizando la tecnología del salto de frecuencia, habitualmente reservada a los más sofisticados ejércitos del mundo.
A partir del 2 de enero aumentó el nivel de violencia de las protestas, con filmaciones difundidas con Starlink que mostraban choques entre manifestantes que marchaban con eslóganes anti gobierno y pro monárquicos. Como relatamos en El Cohete, comenzó la danza de las cifras de ciudadanos masacrados por la represión, con números que variaban de 3.000 a 30.000 víctimas.
Al mismo tiempo, Trump encomendó a Steve Witkoff encontrar secretamente al hijo mayor del difunto Sha de Persia, Reza Pahlevi; Trump evitaba comprometerse con el “heredero del trono”, ya que no cuenta con una red capaz de ayudar a un cambio de régimen. En cambio, encargó al yerno Jared Kushner comenzar a reunir un grupo de empresarios iraníes-americanos para comenzar a preparar la llegada de un nuevo gobierno después de la caída del actual.
El 13 de enero Trump lanzó en Truth el llamado a la revuelta: “Patriotas iraníes, ¡¡¡sigan protestando, tomen el control de vuestras instituciones!!!… ¡¡¡La ayuda está por llegar!!!”. En ese momento, el Presidente tenía ya sobre su escritorio el informe de la CIA que declaraba por primera vez que las protestas tenían el potencial para derrocar la República Islámica.
Pero la realidad llamó a la puerta a través de los análisis del Pentágono. Estados Unidos no contaba con la posibilidad de neutralizar el poder misilístico de Teherán, que podía devastar bases de la región y sobre todo a Israel, capacidad demostrada en junio de 2025, aun con el freno de mano puesto.
Tel Aviv advirtió a Washington que su capacidad de absorción de un ataque misilístico no podía ir más allá de 700 misiles, pero que para justificar los daños causados, Estados Unidos debería garantizar que el resultado final de cualquier campaña militar iniciada tendría que acabar con un cambio de régimen.
Ahora los dos contendientes aspiran a ganar tiempo. Irán porque intuye que se encuentra frente a un momento decisivo para la República Islámica; Estados Unidos para continuar acumulando fuerzas, como explicamos más arriba.
En tanto, Estados Unidos ha tenido que desarmar parcialmente otras zonas críticas del mundo para concentrar material bélico en el Golfo. Dos baterías THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) se posicionaron en Jordania y en los Emiratos Árabes Unidos. Estas se agregan a las de Qatar e Israel, lo que significa que la mitad del material THAAD del Ejército americano está ya en Medio Oriente. A lo que se suman diez baterías Patriot de las 15 que poseen. En abril de 2025, una batería Patriot fue transferida desde Corea del Sur al Medio Oriente, cuestión no simple que necesitó 73 misiones separadas de los aviones C-17 (Boeing C-17 Globemaster III). Por lo cual, imaginamos la magnitud del despliegue logístico necesario para crear el anillo de seguridad requerido.
La práctica de desplegar las fuerzas en secuencias es conocida como planificación adaptativa (AP). Apunta a conseguir mayor flexibilidad a la dirigencia política y militar, decidiendo cuándo y dónde se debería operar y en cuáles condiciones, pero la AP no fue concebida para responder a un despliegue de fuerzas como el que Estados Unidos ha acumulado en Medio Oriente. En este momento, el despliegue de fuerzas probablemente ha superado el punto de no retorno; esto significa que, si el Presidente quisiera detener un eventual ataque, el empuje conjunto de fuerza política y potencia militar lanzadas a la batalla le crearía a Trump una situación de riesgo inaceptable a nivel nacional e internacional. Sería TACO a la enésima potencia.
Scott Ritter considera imposible que Estados Unidos no ataque Irán. Como tantos, se pregunta por qué el hombre que basó su campaña electoral con el argumento “paz” está dispuesto a perder las elecciones de medio término, jugándose todo a la carta de una guerra breve y exitosa.
La respuesta podría ser porque no tiene alternativa, con el frente interno convulsionado, como indicamos al comienzo de esta nota. La única esperanza para revertir el proceso de desgaste e impopularidad sería un triunfo de magnitud sobre Irán. Además, el fantasma de Jimmy Carter se alza desde el pasado con fúnebres presagios.
O sea que nos encontramos más allá de las doctrinas de seguridad; la movida es empujada por razones de política interna.
Hay que agregar que una de las posibilidades que se han barajado en la Casa Blanca es mandar al frente a Israel con un ataque preventivo; sabemos que Israel está atenta a los símbolos y a la historia. El 2 de marzo, el pueblo judío celebra el Ta’anit Esther; se trata de un ayuno que precede y prepara para el Purim del 3 de marzo, que celebra la liberación de los hebreos de Persia, eventos sucedidos hace 2.500 años; dentro de la visión místico/apocalíptica del gabinete de Netanyahu, podría ser la ocasión ideal para lanzar el ataque inicial.
En Irán
Desde que finalizó la Guerra de los Doce Días en junio de 2025, Irán no permaneció de brazos cruzados. La dirigencia sabía que el conflicto solo había sido postergado; por lo tanto, era el caso de reponer el material utilizado y enriquecer el arsenal disponible.
Según fuentes citadas de Reuters el 24 de febrero una compra de misiles anti buques CM-302 chinos por parte de Irán estaría ya concluida. Los CM-302, con un alcance de 290 km, son misiles supersónicos, capaces de volar a baja altura para superar las defensas navales. La compra es un proceso comenzado hace dos años y acelerado por la Guerra de los Doce Días.
The Cradle en un informe del 23 de febrero afirma que China ha provisto a Irán de YLC-8B, un radar de nueva tecnología capaz de descubrir la trayectoria de los aviones invisibles stealth americanos e israelíes, y no sólo eso, China ha exhortado a Teherán a abandonar el software de fabricación israelí y sustituirlo con sistemas chinos cerrados y criptografiados, difíciles de penetrar.

El YLC fue desarrollado por Nanjing Research Institute, utiliza la vigilancia a baja frecuencia de la banda UHF para minar la eficacia de la cobertura absorbente radar utilizada por aviones americanos avanzados como el F-35 y el bombardero B-2; Israel cuenta con 48 aviones stealth F-35 en su flota.
Obviamente, China está preocupada por la situación de su aliado y abastecedor de petróleo. A partir de enero de 2026, comenzaron a trabajar con Teherán para reducir la infiltración de los servicios extranjeros, que consideraron riesgosa, especialmente de parte del Mossad. China se mueve a través del Noveno Departamento de Presidencia (MSS), que funciona como servicio de inteligencia. Hay que señalar que la posición de China es “cauta”; ayudará al aliado en el plano tecnológico/militar y diplomático, pero no se comprometerá en intervenciones directas en un eventual conflicto armado.
El Financial Times reporta que Irán ha adquirido a Rusia 500 plataformas móviles de lanzamiento Verba y 2.500 misiles 9M336; estos misiles componen parte de los principales sistemas portátiles de defensa aérea (MANPADS, pesa 15 kg y basta un solo operador que lo porta sobre la espalda) de Rusia.
Pero la República Islámica no solo renueva el arsenal, también se incorpora sangre nueva al equipo negociador. Se trata de Ali Larijani, secretario del Consejo de Seguridad Nacional. No es un dato banal. Larijani, junto al almirante Ali Shamkhani, son figuras centrales del Estado islámico, son hombres de confianza de Ali Khamenei que, aceptando la lógica de las negociaciones, han querido colocar uno de sus fieles en la delegación ginebrina.
Teherán quiere regresar a los parámetros previstos en el Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA, Plan de Acción Integral Conjunto) del 2015, que establecía enriquecimiento del uranio posible al 3.67%. Larijani tiene mucha experiencia en la materia, ha participado en las negociaciones sobre la cuestión nuclear con el Reino Unido, Francia, Alemania y Rusia del 2005 al 2007; se lo considera el más pragmático del ala conservadora.
Iran Wire señala que el enfoque de Larijani apunta al inevitable cambio de ciclo pos Khamenei y “se inspira en el modelo Deng Xiaoping que une represión sin compromisos a flexibilidad cultural y económica”. El mismo Larijani ha declarado que la economía es una de las razones de las protestas.
Pero todo esto depende de la voluntad de Estados Unidos; si ataca Irán con toda la potencia acumulada en la región, un post Khamenei administrado por el ala pragmática conservadora se vuelve improbable.
Si bien se considera que el ministro de Exteriores Araghchi negocia por cuenta del Presidente Masoud Pezeshkian, el mediador Oman, que busca una respuesta final de Irán en la negociación, podría presionar más con un ojo puesto en el Consejo de Seguridad Nacional, o sea, Larijani.
Colaterales
Informaba el Washington Post del jueves 26 que John Hurley, alto funcionario del Tesoro, presentó su renuncia por su desacuerdo con la gestión de los ciudadanos extranjeros, particularmente la comunidad de Somalia, que Trump sigue atacando obsesivamente. Hurley fue un funcionario especialmente activo contra los fondos de los narcos de Sinaloa depositados en Estados Unidos.
Problemas higiénicos en el portaaviones USS Gerald Ford: las letrinas están atascadas, colas de 45 minutos para poder hacer las necesidades, muchísimos testimonios en X posteados por los esforzados marinos, situación que se presta al humor fácil.
Declaraciones del embajador estadounidense en Israel Mike Huckabee: conversando el martes con Tucker Carlson, declaró que sería aceptable que Israel ejerciera el control sobre los territorios pertenecientes a los Estados árabes, que incluyen la Cisjordania ocupada. Ásperas reacciones de los estados árabes aliados de USA.
Paramount desplaza a Netflix y se queda con Warner Bros Discovery: la Paramount pertenece a la familia Ellison, íntimos de Donald Trump; la autonomía de la CNN, que forma parte de Warner Bros, se verá seriamente comprometida.
Epílogo con éxodo
Estados Unidos, típico país de inmigración, está cambiando en su base; según el Wall Street Journal, el número de ciudadanos estadounidenses que abandonaron el país en 2025 superó el de los extranjeros que entraron. Estos nuevos emigrantes, gente común, parten buscando seguridad, tranquilidad, dejar atrás el caos de la administración Trump. El sueño americano traslada sede.
*Escritor, ensayista y analista político argentino. Escribe sobre geopolítica y conflictos de medio oriente. Fuente El Cohete a la luna https://www.elcohetealaluna.com/Portal dirigido por Horacio Verbitsky.
www.prensared.org.ar

