A 50 años del asesinato de Enrique Angelelli, ocurrido el 4 de agosto de 1976, una multitud se reunió en Punta de los Llanos, para celebrar la memoria del obispo mártir. Desde aquél momento, grupos pequeños de cristianos y no cristianos, en Argentina y Latinoamérica, se han reunido año tras año hasta develar la verdad. Aquí lo narra, el autor.
Por Luis Miguel “Vítín” Baronetto*
Hace 50 años, en pleno auge del terrorismo de estado, los medios de prensa informaron que el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, había fallecido en un accidente automovilístico. Fue la versión de la dictadura militar, que también asumió la máxima jerarquía católica. Pero la sospecha del atentado criminal fue inmediata. Sin embargo el cardenal Primatesta tranquilizó a los sacerdotes riojanos diciéndoles que aceptaban la explicación del reventón de un neumático “para poder investigar tranquilos”. Investigación que nunca se realizó, según reveló 30 años después, la Comisión episcopal Mons. Angelelli, promovida por el cardenal Bergoglio.
50 años después celebramos la memoria de este obispo, ya declarado mártir y beato por la Iglesia Católica. ¿Qué pasó en estos 50 años? Grupos pequeños de cristianos y no cristianos, en Argentina y Latinoamérica afirmaron el asesinato desde el mismo 4 de agosto de 1976. Mientras una mayoría eclesiástica, no sólo lo negó, sino que descalificó a los que persistieron en esa memoria martirial. Si Angelelli en vida sufrió difamaciones y ataques hasta su eliminación física por su fidelidad al rol episcopal que asumió en absoluta coherencia con sus creencias evangélicas, después del crimen continuó provocando posturas disímiles entre quienes se identificaron con su pastoral a favor de los pobres y quienes la cuestionaron para justificar la legitimación religiosa de las injusticias sociales y las violaciones a los derechos humanos.

En este largo trayecto entre reivindicaciones y negaciones, avanzó la verdad y la justicia, también en los tribunales democráticos. Y a pesar de múltiples obstáculos, pudo desandarse el camino del ocultamiento y la complicidad.
En el 2011 el ex dictador Jorge Rafael Videla, imputado en la investigación por el crimen, relató en sede judicial, un diálogo con el Nuncio Apostólico Pio Laghi: “Luego de ocurrido el accidente de Monseñor Angelelli y acallados los comentarios de todo tipo a que dio lugar, le manifesté mi preocupación por el accidente que sufrió Monseñor Angelelli y fundamentalmente por la posibilidad que el mismo pudiera afectar la relación entre el Gobierno y la Iglesia… El Sr. Nuncio sin hesitar, me respondió: Presidente, la Iglesia tiene asumido que el fallecimiento de Mons. Angelelli fue producido por un accidente. Ud. puede dormir tranquilo respecto de este asunto.” Esa tranquilidad ofrecida al dictador, en realidad arrancó en 1976.
A tres días de haber participado en el velatorio del obispo Angelelli, el 9 de agosto Pio Laghi informó al Vaticano: “…honestamente, no cabe duda: fue un accidente.” La connivencia de falsas verdades salió a la luz. Las recordaciones martiriales de los primeros años en La Rioja, aún en dictadura, tomaron dimensión nacional cuando en 1983, el obispo De Nevares, invitó a todos los obispos del país a concelebrar en su catedral de Neuquén. Sólo tres obispos lo acompañaron: Jorge Novak, Esteban Hesayne y Marcelo Mendiharat. En otros lugares, como en Córdoba, organizados por el Centro Tiempo Latinoamericano, multitudinarios actos de recordación, también reclamaron el desarchivo de las actuaciones judiciales por el “mártir prohibido”, como lo llamó el obispo poeta Pedro Casaldáliga desde la selva brasilera. En 1986 el Juez riojano Aldo Morales, calificó la muerte como “homicidio fríamente premeditado.” Con las leyes de obediencia debida y punto final las investigaciones se paralizaron por casi 20 años.
En ese lapso, los servicios de inteligencia del Ejército elaboraron distintas maniobras destinadas a los nuevos miembros del episcopado para mantener la versión del accidente vial fortuito. Sin embargo, la reivindicación martirial que creció en La Rioja y en otras comunidades del país, fueron revirtiendo la complicidad y el silencio de las cúpulas. A la advertencia del obispo Esteban Hesayne en 1983, afirmando que “no sólo le quitaron la vida, sino que le robaron la muerte”, se le añadió años después la sentida convicción de un nuevo obispo.
En el 2006 Virginio Bressanelli, desde Comodoro Rivadavia, instó en carta al presidente del episcopado: “No veo prudente callar”. Y el cardenal Bergoglio, el 4 de agosto, en el 30 aniversario, predicó desde la catedral riojana, que Angelelli, “fue testigo de la fe derramando su sangre”. En ese mismo 2006, anuladas las leyes de impunidad, se reabrió la causa judicial, que en el 2014 condenó a los ex jefes militares Luciano Benjamín Menéndez y Fernando Luis Estrella a prisión perpetua. Videla, Harguindeguy y otros altos jerarcas de la dictadura fueron beneficiados con la impunidad biológica, al fallecer antes del juicio.
La sentencia judicial posibilitó una respuesta reparatoria de la jerarquía eclesiástica, con el inicio canónico del reconocimiento del martirio y la beatificación en el 2019. El voto 3 de la Comisión Teológica del Vaticano dijo que “La labor pastoral de Mons. Angelelli se vio obstaculizada por autoridades políticas, poderes económicos y fuerzas sociales, ya que percibían las actividades pastorales de la diócesis como una amenaza para sus propios intereses particulares”.

En estos 50 años, cada 4 de agosto, en el lugar del crimen, las comunidades cristianas y organizaciones sociales se encontraron para fortalecer sus propias vivencias desde las memorias de compromiso y lucha por la justicia y la paz, que fueron los lemas inscriptos en su escudo episcopal. El martirio fue beatificado no para la nostalgia o la evasión, sino para contagiar energías en el compromiso con las nuevas luchas de los empobrecidos.
Por la vivienda, el trabajo, la salud, la educación y los últimos despojos de las políticas gobernantes, que además pretenden enajenar la soberanía de nuestras tierras, entregándolas a los depredadores financieros. Los mártires beatificados con las 30.000 memorias vuelven en la construcción de la unidad, la solidaridad y la fraternidad necesarias para la justicia y la paz.
*Director de la revista Tiempo Latinoamericano. Biógrafo de Angelelli. Punta de los Llanos, 1° de agosto de 2026. Fotos: Esteban Morales.
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