Wenceslao y la propiedad cooperativa 

Wenceslao Pedernera, integrante del Movimiento Rural, creado por Enrique  Angelelli en La Rioja, fue asesinado el 25 de julio de 1976 en la puerta de su casa. A 50 años del hecho, una recordación biográfica del dirigente campesino,  integrado al martirio riojano junto al Obispo y los sacerdotes de Chamical.

Por Luis Miguel “Vitín” Baronetto*

El beato mártir Wenceslao Pedernera fue un buen padre de familia y vecino solidario en Sañogasta (La Rioja). Pero no lo asesinaron por eso. En el pueblo había otros buenos padres y vecinos. Toti Ortiz, uno de ellos, fue el que lo trasladó malherido hasta el hospital de Chilecito, donde murió el mismo 25 de julio de 1976, a la tarde.

Varios más integraban la cooperativa en formación NECAS (Nuevas Esperanzas Campesinas Sanogasteñas), que impulsaba Wessen, como le decían en el Movimiento Rural Diocesano. Sus cualidades personales, sin duda, le ayudaron a ser una buena persona, tanto en la familia como en la vecindad. Pero eso no fue la motivación inmediata del crimen. El voto 1 de los Consultores Teológicos del Vaticano – en el 2018 – al reconocer el martirio señaló que “lo que decretaron su muerte” fueron “su participación en el Movimiento Rural Argentino y otras iniciativas parecidas”. Así también lo había informado el mismo obispo Angelelli a las autoridades episcopales dos días después, el 27 de julio de 1976: “A los 8 días del asesinato de los curas, me acaban de asesinar a un laico apostólico en Sañogasta “…”dirigente laico de la Acción Católica Rural, (que) se radicó en Sañogasta para trabajar en un proyecto de cooperativa alentado por la Diócesis y ayudado financieramente en parte por Organismos Católicos europeos.”

Wenceslao, nacido y criado con sus padres y hermanos en el campo de San Luis, a los 20 años, después del servicio militar, se quedó en Mendoza y consiguió trabajo en la Bodega Gargantini, donde tuvo como capataz a Don Emiliano Cornejo. Al poco tiempo se puso de novio con su hija “Coca”, que necesitó la autorización del papá para casarse porque no había cumplido los 21 años.

Wenceslao rehusó hacerlo por la Iglesia, pero Coca se impuso y el amor doblegó a Wenceslao. Y allí empezó otra etapa, también en lo religioso para Wenceslao. Su predisposición a la solidaridad que demostró al asumir la representación gremial de sus compañeros de trabajo en la bodega, se transformó en militancia campesina cuando con Coca pusieron su casa a disposición y se incorporaron al Movimiento Rural de la Acción Católica, invitados por Carlos Di Marco y Rafael Sifre.

Wenceslao con la familia. Crédito: https://es.aleteia.org/

A mediados de 1973 el matrimonio, ya con tres hijas, la menor de dos años, se radicaron en La Rioja, atraídos por la propuesta del Movimiento Rural Diocesano, que el Obispo Angelelli había creado el año anterior, luego de que el Episcopado argentino disolvió al Movimiento Rural de la Acción Católica y lo dejó librado a la iniciativa de cada obispo diocesano. En una realidad con “características marcadamente rurales”, Mons. Angelelli estableció entre los objetivos “acompañar al campesinado riojano en su proceso de liberación, entendida ésta a la luz del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia”. Y “ayudar a concretar realizaciones que signifiquen para el campesinado riojano ‘ser más’ en el esfuerzo creativo por ‘tener más’.”

En esas iniciativas de la pastoral diocesana, Wenceslao, de carácter apacible, de hablar poco y escuchar mucho, además de servicial y responsable, resultó ser un indispensable para la organización de la decena de cooperativas nucleadas en el Movimiento Rural, que le tocó coordinar. Su “liderazgo” no sobresalió por el discurso mediático, sino en garantizar el funcionamiento, hasta en los mínimos quehaceres, de una propuesta comunitaria que apuntaba a consolidar la propiedad cooperativa de la tierra. Para los opositores a la pastoral diocesana, el rol de Wenceslao fue más “peligroso”, porque no era un “dirigente” de figuración, sino un eficiente miembro del equipo organizador. Se trataba de un “hombre común”, igual que la mayoría de los “comunes”, que organizados ponían en riesgo los intereses de las minorías propietarias de latifundios, enriquecidas con mano de obra común y barata.

“Hay que romper las injusticias que se asientan en la propiedad de la tierra”, dijo el obispo Enrique Angelelli, en 1973. “Con la cooperativa en manos de los trabajadores, la tierra será realmente para quienes la trabajan” (Revista Esquiú). Wenceslao sumó su vida en esta lucha campesina. Los poderosos de la tierra no lo toleraron. Apelaron a la eliminación criminal. Abrevamos en la memoria de la comunidad martirial riojana, para fortalecer las luchas de hoy capaces de “romper las injusticias”.

*Director de la revista Tiempo Latinoamericano. Biógrafo de Angelelli. Imagen ilustrativa Vatincan News.

www.prensared.org.ar