“Lennon no era el Beatle más osado y salvaje”

Crítico y ensayista fundamental, Diego Fischerman analiza en profundidad la figura y el mito del cantante y guitarrista. Desarma ideas preconcebidas y muestra cómo la percepción del músico marcó generaciones. Entrevista.

Por Adrián Melo*

 Diego Fischerman es una de las voces más lúcidas y respetadas de la crítica musical argentina. Cronista agudo, lector obsesivo y ensayista con oído absoluto para detectar tensiones culturales, lleva décadas escribiendo sobre cómo la música –tanto la académica como la popular– moldea nuestra sensibilidad colectiva. Su firma dejó huella en Página/12, sus libros son material de consulta obligado y su mirada, siempre filosa, ilumina zonas donde la industria y la historia suelen generar más ruido que sentido. No se limita a describir: interpreta, conecta, desmonta mitos y vuelve a armarlos para que pensemos de nuevo cómo escuchamos.

En esta charla, Fischerman repasa la figura de John Lennon con una mezcla de análisis musical, memoria personal y lectura histórica. Discute simplificaciones, cuestiona viejos relatos y analiza la relación entre el mito y la obra como quien levanta las capas de una grabación multipista. Habla de la alquimia Lennon-McCartney, de la separación de los Beatles, de la construcción de las leyendas y de por qué ciertas oposiciones –rock vs. pop, visceralidad vs. delicadeza– dicen más sobre nosotros que sobre los músicos. Un recorrido que invita a escuchar distinto.

–¿Qué sentiste el día del asesinato de Lennon?

–Como suele pasar en esas situaciones cuando se trata de muertes muy cercanas, sentí una especie de azoramiento. Un “¡No puede ser!”. Apagué la televisión y la prendí de vuelta. Esa sensación de pesadilla, de desear que al abrir los ojos eso no hubiera pasado. Sin embargo, cuando los abrí, cuando encendí nuevamente el televisor, el dinosaurio peligroso estaba ahí: había pasado, habían asesinado a John Lennon. Incredulidad, en principio por algo irracional: los Beatles eran inmortales. Además, estaban fijados en las fotos de una época con mucho menos contacto con la información. Eran siempre jóvenes, vivían juntos y eran amigos. Con la separación uno entendió que no era así, pero costaba asimilarlo. Sorpresa y, después, una tristeza infinita.

–Se suele dividir la obra de Lennon en dos grandes etapas: antes y después de los Beatles. ¿Cuáles son las características de cada etapa?

–Yo no las separo. Como todo artista, Lennon tuvo distintos momentos y proyectos. No creo que haya sido culpa de Yoko Ono ni nada por el estilo. Claramente él estaba buscando otra cosa. Los Beatles fueron una química extraordinaria basada en combinaciones de partes que no eran iguales entre sí y, sin embargo, conformaban un todo muy complejo. Se complementaban, se limitaban, cada uno quería seducir al otro. Hablo, en particular, de Lennon y McCartney, porque la figura de Harrison estuvo postergada durante bastante tiempo. Lennon quería seducir a McCartney y viceversa.

–¿En qué consistía la magia musical del dúo Lennon-McCartney en los Beatles?

–Sin ánimo de establecer comparaciones y salvando las infinitas distancias, yo también tuve grupos de música. Grupos de amigos que, cuando uno termina de ensayar, llega a casa y llama por teléfono para decir que se le ocurrió una idea para otra canción. Y así se vuelve a empezar y no se para nunca. Un nivel de conexión muy fuerte. Toda la libido está puesta ahí. Hubo un tiempo en que el mundo de Lennon era McCartney y el mundo de McCartney era Lennon. El disco que pone de manifiesto ese sentimiento es el grandioso simple “Penny Lane” y “Strawberry Fields Forever”, que contiene la mejor canción de Lennon hecha por McCartney y la mejor canción de McCartney hecha por Lennon. Hay más que una simbiosis: una Homo gestalt, como en la novela Más que humano de Theodore Sturgeon. La combinación McCartney-Lennon era más que la suma de sus partes.

– ¿Cuáles son tus hipótesis sobre la separación de los Beatles?

–En la adolescencia y la juventud se puede poner toda la libido en ese grupo de amigos y en las bandas de música. Cuando aparecen las novias, los proyectos de la vida adulta, etc., eso cambia. La química deja de funcionar. Efectivamente, después de la separación Lennon siguió siendo Lennon y McCartney, McCartney. McCartney se pareció más a los Beatles, o por lo menos al perfil de los Beatles que se fue dibujando a partir de Revolver.

– ¿Qué canciones elegís del Lennon de los Beatles y del Lennon solista?

–Antes aclaro una obviedad: los críticos también tenemos gustos musicales que van más allá del análisis técnico. En este sentido, elijo “Straw Berry Fields Forever” y “Jealous”. Iba a decir “I’m Amazed”, que es de McCartney, pero parece de Lennon. De la etapa solista elijo “Imagine”, “Mother” y “God”. En principio, me interesa más esa primera etapa solista que lo que vino después. Los siguientes discos me gustan conceptualmente, pero no son álbumes que pongo para escuchar. Por ejemplo, “Give Peace a Chance” me da cierta nostalgia, pero no lo escucho. Hay algo intencional, sobre todo en esa posproducción de cuerdas tan plana y esquemática, que no me convence. En ese sentido me gusta más George Martin. Respeto la idea de la pared de sonido y entiendo que Lennon quisiera alejarse de los Beatles, pero a mí me gustan los Beatles.

– ¿Cuál es el recuerdo que perdura en el imaginario social sobre Lennon?

–Circulan mitos, como en la historia: nadie sabe exactamente qué dijo Napoleón. La leyenda fijó un modelo McCartney y un modelo Lennon. En la Argentina, el mundo pos rock progresivo profundizó una falsa antinomia: un rock visceral, profundo, pesado, frente a un pop esteticista. En otras partes del mundo no existe esa diferenciación. Aquí el rock y el pop reemplazaron las ideas de progresismo y complacencia. Una asociación muy plana entre visceralidad por un lado y cuidado por los detalles por el otro. Spinetta vs. Charly, Soda Stereo vs. Los Redondos. Como si Los Redondos no tuvieran refinamiento musical o Soda no tuviera letras poderosas ni un rock nada blando. Esa falacia de que un genio no podía detenerse a terminar bien una canción llevó a creer que cualquier desprolijidad era genial; o que la locura de algunos genios implicaba que todo loco era genial. Lennon quedó ocupando el lugar de la rebeldía. McCartney, el del chico bueno que les gustaba a las mamás y a las abuelas. Nada más alejado de la realidad.

– ¿Por qué?

–Lennon no era el Beatle más salvaje y osado. Musical y estéticamente, era McCartney. En cierto sentido Lennon era más tradicional, pensando exclusivamente en términos musicales. Incluso en las letras: las de Lennon solían ser más directas y planas, menos elaboradas. McCartney quedó asociado a melodías “tontas y bellas” y Lennon al verdadero artista conectado con una llama interior. Falso: ambos trabajaban sus canciones. A uno quizá le costaba más que al otro, pero que te resulte más difícil componer no te hace más profundo. Ambos tenían canciones profundas y canciones superficiales. No se esperaba que un músico de pop fuera profundo todo el tiempo. Eventualmente McCartney era más capaz de imitar a Lennon que a la inversa, porque McCartney puede hacer lo que quiera. Y no necesariamente por bondad. Cuando muere Harrison, incluye en un disco una canción de Harrison mejor que la de Harrison. Como homenaje es casi un acto malvado. Pero a Paul siempre lo ayudó la cara de nene bueno.

*Periodista, doctor en Ciencias Sociales, magister en comunicación y cultura; licenciado  en sociología, todas en la UBA. Fuente Caras y Caretas, la revista de la Patria https://carasycaretas.org.ar/

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