Emiliana Martina: “Mientras la gente va al shopping, los poderosos queman el monte”

Dos muertos. Animales carbonizados. Ochenta mil hectáreas quemadas en el norte cordobés. En esta última Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, una de las frases lapidarias de su secretario general, António Guterres, fue: ‘Estamos cavando nuestra propia tumba’. ¿Podrá alguien enseñarle al gobernador cordobesista de qué habla el mundo entero?

Por Graciela Pedraza*

“Yo veo que el norte viene progresando, y nuestro norte viene progresando por la voluntad de su gente y porque se ha extendido la frontera agropecuaria. Antes, cuando uno sobrevolaba el norte veía el monte. Hoy se ve en la parte más llana, se ve lleno de cultivos, lleno de animales de los que crían ganado, se ven establecimientos agropecuarios porque también en el norte la producción agroalimentaria es fundamental, es motor de progreso”.

 Aclaremos rápidamente que quien percibe tanto adelanto en el norte cordobés, no es la arquitecta Emiliana Martina, dedicada a la gestión alternativa del hábitat, sino el gobernador Juan Schiaretti, a quien el humo de las quemazones le impide ver la realidad que nos asfixia. Si el agronegocio generara tanto empleo y progreso, no serían necesarias las cárceles que se implantan en las regiones más desfavorecidas. Pero ese tema será motivo de otra nota, porque Emiliana y sus pequeños hijos no tienen tiempo para perder.

Esta joven doctora en arquitectura, de voz enérgica y personalidad fuerte, no tiene dudas cuando describe la matriz productiva que acorrala a Córdoba. Dice al comenzar la entrevista que “estamos ante una matriz productiva que destruye el ambiente para generar la acumulación de bienes de capital. Este modelo de producción está concentrado en pocas empresas que trabajan a gran escala. Son los negociados y la forma de gobernar que tiene el aparato estatal en Córdoba. Y digamos, por otra parte, que es una matriz instalada también a escala global. La gente tiene que entender que cuidar el ambiente es cuidar la producción de agua que permite la vida, ¿y quién produce el agua?… el monte. De manera que no se trata de una cuestión ideológica, ni partidaria, ni cultural, ni de sesgo ambientalista o ecoterrorista, solo por mencionar algunos de los calificativos usados por el poder hegemónico a la hora de descalificar nuestros reclamos”.

Emiliana vive en Cosquín con su familia y es investigadora del Conicet, “allí, en equipo, hablamos de las líneas de acción que se dan o pueden darse en el territorio: infraestructura vial, avance de la industria agropecuaria, y de la frontera habitacional, es decir, el desarrollo inmobiliario. Pero aclaro: es posible expandirse en el territorio sin destruir el ambiente, aunque para lograr eso hay que adoptar otras lógicas, que por cierto ya existen. En lo local, esta matriz productiva y destructiva se instala desde la época de Menem, cuando se abre el territorio a la sojización. Claro que podríamos ir mucho más atrás en el tiempo, pero hablamos de los 90 porque esa matriz tiene que ver con transformaciones hacia dentro del Estado, un proceso de neoliberalización que viene de la mano del campo, una frontera que avanza para enriquecer a los grandes capitales que mueven el baremo de las economías regionales a nivel continental”.

Emiliana dejó su cátedra en la facultad por negarse a reproducir modelos con los que desacuerda, “y porque aquí la clase media y baja se precariza, en tanto la clase rica se concentra, sentada en sus oficinas acumulando dinero para guardarlo en el exterior. Entonces los empleados trabajan para sostener el modelo, y mientras la gente mira hacia el costado para ver qué puede comprar en el shopping, los otros están destruyendo lo que queda, aquello que nos posibilita la última esperanza de sostener una vida en equilibrio. Hay mapas que muestran ese avance de un campo que ya no produce alimentos para la población, sino para la industria. Acá se planta soja, maíz y trigo a gran escala para alimentar factorías en otros países, pero la contaminación sigue acumulándose en nuestros territorios enfermos, con gente enferma. Si la tierra sufre, inevitablemente el humano también sufrirá”.

Pobre monte nativo 

Se explaya Martina: “Mirá, el desmonte es tal, que en La Calera prácticamente no queda bosque. Hay cantidades de ‘barrios privados’ sobre lo que antes era monte nativo. Y sucede que la lógica de la provincia es defender unas hectáreas de bosque nativo -como si fuera una naturaleza prístina- y con el resto… hagan lo que quieran. Pero el problema es que el ambiente no puede funcionar de manera aislada, es orgánico, es un entramado que tiene ser sistémico y holístico. No es ‘hippismo’. El problema del agua dulce es muy severo a causa del desmonte, la guerra por el agua ya existe, pero hay un anestesiamiento de la realidad, la gente no asimila lo que está pasando”.

 Otra vez arde el norte cordobés. Crédito: El Faro.

Sin embargo, si la comunidad se moviliza, dice Martina, pasan cosas, “cuando se toma conciencia de las prácticas nocivas, la gente demanda y el Estado se ve obligado a responder. Porque hay alternativas. La agroecología se planta para producir alimentos sanos, respetando los ciclos naturales y permitiendo que quienes la producen obtengan sus beneficios. Hoy, la mayor parte del alimento que consumimos está envenenado, con tal de vender y aumentar las riquezas de los empresarios alimenticios. El plato fumigado se sirve en las mesas de casi toda la Argentina, pero también a nivel mundial. No por nada Monsanto ha sido condenado en centenares de casos en EEUU y en Europa. En Córdoba la lucha organizada de un pueblo los hizo retroceder dejando como ejemplo que cuando la ciudadanía se expresa seriamente, el modelo retrocede”.

Hablamos de un modelo que se forjó junto con la nación, una matriz agro-ganadera que se inflamó y desbordó, “por eso las nuevas generaciones planteamos liberarnos de eso, para que tengan vida nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Yo renuncié a la universidad, y mi trinchera es ahora la comunidad, el territorio, donde pueda decirle al vecino: mirá a tu alrededor, mirá lo que ocurre con el descongelamiento de glaciares, de las masas oceánicas, de la pérdida del monte que nos rodea. Las consecuencias no las veremos en veinte o treinta años, no. Las consecuencias ya están aquí, porque el mundo está roto”.

Sin embargo, un mundo distinto es posible. “Por eso decimos que hay otra matriz que debemos construir desde otro lugar, sin ser oprimidos, y esto tiene que ver con lo natural, la alimentación sana, la medicina ancestral, la educación consciente… Años atrás ni se podía hablar de cannabis por ejemplo, porque se lo relacionaba con los estupefacientes y el narcotráfico, ahora que está legitimado desde lo normativo y judicial, tiene otro impacto”.

¿Consumir para ser?

Para Emiliana, “el modelo de consumo tiene un límite y ese límite uno se lo pone cuando el espíritu se llena de cultura. Ahí te das cuenta de que no es necesario gastar veinte mil pesos en una zapatilla, ni cuatro millones en un cero kilómetro, porque entonces nunca te alcanza el dinero y eso te esclaviza. Esa frase a la que apelaba Marx cuando hablaba del burro persiguiendo a la zanahoria, y la zanahoria siempre lejos. ¿Cómo podemos pasar cuarenta años pagando una casa cuando se puede hacer con muchísimo menos dinero? Eso ocurre por la representación simbólica que tiene para la gente; la clase media quiere una vivienda con determinada forma y acabados, una imagen que les haga sentir que está en un lugar de poder global. Pero en realidad no es así. Hay que abrir los ojos, el poder está en otro lado y en manos de otra gente”.

Las sierras cordobesas vienen librando desde hace años una lucha por el buen vivir. “Acá hay asambleas ambientales, regionales, y un colectivo feminista activo. Mujeres, feminismo y diversidad, creo que son los espacios más organizados y vienen demostrando hace años un ejercicio de democracia pura y verdadera”.

Tal vez por entenderse como comunidades estos pueblos vienen exigiendo prevención, y pretenden sus propios mapeos, “porque los de Idecor (Infraestructura de Datos Espaciales de Córdoba) no tienen base participativa, solo reproducen el espacio hegemónico. Yo uso esos mapas para mostrar lo que esos mapas no muestran. En el equipo de Conicet donde estoy, trabajamos mapas que se construyen en el territorio para reemplazar estas prácticas devastadoras del ambiente. El mapeo de la ley de bosques no está definido. El gobierno sabe que allí hay oposición y está yendo por la mano contraria. Incumple con la ley 26331 de OTBN que ordena a la provincia a actualizar sus mapas de bosques cada cinco años. Nuestra provincia hace quince años que no lo hace. Por eso nuestros compañeros abogados de CODEBONA vienen litigando una acción de amparo contra ese grave incumplimiento normativo. La causa se caratula De Angelis c/ Superior Gobierno de la Provincia de Córdoba s/ Amparo colectivo ambiental”.

Emiliana cuenta que “toda la zona que se quemó ahora en el norte cordobés, Caminiaga, San Pedro Norte, Cerro Colorado, Tulumba, es una zona vacía, catastralmente no tiene designación catastral, no está regulada. Si entrás al mapa lo vas a ver. Son zonas de comunidades que, como decía un lugareño, ‘esto era de mis abuelos y de los abuelos de mis abuelos’, desde antes de la conquista y la expansión de 1800. Una región comechingona pero que, por estar oprimidos, no pueden conectar con sus raíces, no tienen la libertad de decir quién es uno. Se los va despojando culturalmente y luego territorialmente. Cuando les prenden fuego a sus campos y se les mueren los animales, los dejan sin capital para recuperarse, se van del territorio y ahí los poderosos avanzan comprando la tierra degradada”.

Las zonas en color marrón oscuro, son las áreas que no tienen registro catastral.

Las imágenes de estos días son pavorosas y el botín tiene responsables, explica Martina. “En cada territorio el rey tiene un alfil; es un gran tablero de ajedrez donde el rey, que es Schiaretti, detenta la corona. El justicialismo cordobés se ha instalado en el territorio con estas prácticas de avance colonialista que claramente va en contra del espíritu normativo de la ley de bosques y de los principios del derecho ambiental. Las zonas rojas son espacios de naturaleza absoluta, no hay manera de transformarlas. Pero la policía ambiental no está para prevenir sino para sancionar, la Secretaría de ambiente no hace lo que debería… toda una pantomima. Pero el tema de los mapeos nos resulta peligroso porque cada vez que nosotros damos un paso hacia un lugar, ellos van por detrás resolviéndolo y no es lo que necesitamos. No se trata de ‘¡ah ahora presentaron un plan de ordenamiento territorial!’, porque esas treinta páginas que están colgadas en la Secretaría de ambiente están vaciadas de contenido técnico real, son solo enunciados bien escritos que pretenden engañar a algún ingenuo. Cortan y pegan algunos conceptos que toman de Europa y de América del Norte, pero no dice nada en concreto. Además, la ley de Ambiente requiere que ese ordenamiento sea participativo, famosa frase siempre ninguneada, porque estamos frente a una matriz de gobierno corporativista: la gran empresa reproduce su capital y al resto que dios lo ampare… y los impactos ambientales que los equilibre la naturaleza misma”.

Una artista serrana da una vuelta de tuerca cuando escucha: salvar el monte. Ella replica: el monte nos salvará a nosotros, porque permite el agua, el aire, en definitiva, la vida de la tierra…

*Periodista. Agencia Prensared. Foto principal La Voz de San Justo.

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