El crimen de la sociedad transparente

Diego Litvinoff sostiene que el tratamiento mediático del asesinato de Fernando Báez en Villa Gesell expresa la pretensión de una sociedad transparente que encuentra en los crímenes evidentes la metáfora que la ilustra. Washington Uranga afirma que construir el sentido de la comunicación política es una tarea colectiva que incluye al Gobierno y a todos los actores sociales, movimientos, organizaciones y grupos políticos que coparticipan del proyecto.

Por Diego Litvinoff*

No por determinantes meteorológicas, sino por causas políticas y sociales, los períodos estivales suelen despertar el interés en noticias criminales. Su recurrencia no impide, sin embargo, encontrar matices entre los distintos casos, que conciernen tanto a sus características intrínsecas como al modo en el que son abordados por los medios de comunicación. En ese sentido, que haya sucedido en un destino tradicional de veraneo y que los protagonistas sean jóvenes de clase media, son factores que incidieron para que, entre los diversos hechos criminales de estos meses, haya sido el de Gesell el que ocupara un lugar destacado en los medios hegemónicos. Lo que llama la atención es la ausencia de misterio, ya que desde el primer momento se conocen sus detalles desde el punto de vista fáctico, tanto por el relato de los testigos como por encontrarse registrado por distintas cámaras.

Pero aquello que en otros tiempos hubiera resuelto el caso, y con ello sosegado el interés, es justamente uno de los elementos principales que lo nutren. El sueño contemporáneo de alcanzar una perspectiva total, que acompaña el desarrollo de las nuevas tecnologías de control social, encuentra aquí una aparente materialización. El avance de la causa, que los medios registran casi al instante, más que certificar la responsabilidad penal de los acusados, alimenta la voracidad de los consumidores de noticias, como si siguieran la estructura narrativa de una serie contemporánea, menos orientada a revelar una incógnita que por la cuestión de “qué más se puede ver”.

Pero, ¿es posible verlo todo? La idea de una perspectiva total es en sí misma contradictoria, dado que toda perspectiva implica un punto de vista que se impone por sobre otros. De este modo, la posibilidad del registro inmediato y su difusión en los medios anula la tensión propia de toda significación, que abre el espacio para las discusiones políticas.

Entre el cúmulo de evidencias, pareciera colarse por un resquicio un debate que atañe a la motivación, no tanto circunstancial como social, del crimen ¿Fue por odio de clase? ¿Se inscribe en un modo de vida asociado a la práctica del rugby? ¿Se materializan, en torno al hecho, los rasgos de la sociedad patriarcal? Estas discusiones, empero, no logran abrir los sentidos en torno a un crimen resuelto de antemano, realizado con saña por un grupo frente a una víctima indefensa. Más bien expresan la cerrazón a la que tienden ciertas corrientes políticas, que operan sobre la realidad como frente a un hecho consumado que permite una clara distinción entre los “buenos” y los “malos”.

El hallazgo reciente de las fotos del fusilamiento de Severino Di Giovanni se manifiesta como un síntoma que expresa el retorno reprimido de una modalidad de crimen que hoy brilla por su ausencia en las discusiones mediáticas. Los significados en torno a ese caso eran tan sensibles y las disputas tan abiertas que esas fotos, siendo la evidencia del asesinato de un subversivo político por parte del Estado, debieron ser ocultadas durante muchos años. Al contrario, la sociedad transparente encuentra en los crímenes evidentes la metáfora que la ilustra y la fundamentación que la legitima. Por ello, en lugar de posicionarse en el espejo cristalino construido por la cultura neoliberal, es esa propia perspectiva total la que tiene que ser puesta en cuestión desde una política mediática progresista

* Sociólogo y docente UBA – Artículo publicado en Página 12.

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