Raúl Scalabrini Ortiz: “Autorretrato a los 30 años”

Hoy se cumple el 61 aniversario del fallecimiento de Raúl Scalabrini Ortiz,  poeta, cuentista, ensayista y analista de la realidad económica y social argentina.

Por Redacción

En junio de 1928, a sus 30 años, se lo había incluido en una antología de cuentistas jóvenes que publicó la editorial “Claridad”,  en cuya revista adelantó su autobiografía y un autorretrato que fue reproducido en las páginas de la revista Crisis (1973/1976).

“Raúl Scalabrini Ortíz po Raúl Scalabrini Ortiz” se llamaba el artículo, publicado un 6 de octubre de 1973. El rescate y selección de textos fue realizado por el periodista Rogelio García Lupo. (1)

Autorretrato a los 30 años

He tenido tantas almas que ya no sé cuál es la mía. Por lo menos la primera me aseguran que comenzó en Corrientes en 1898. Pero ese dato carece de interés. Sobre una misma vocación he sentido pasar muchos otros comienzos de vida. Algunas dejaron una huella en mi espíritu, otras nada.

Decir su vida es decir la de todos. Despojandonos de lo convencional y de lo adquirido, todos somos iguales. Pero, ¿cómo he de reconocer lo ingénito y lo extraño? Hay más de otros que de mío en mí.  De ausencias casi enteramente soy. Sin embargo, a veces me siento –en ciertos amaneceres- en que la vigilia se desliza sobre una pendiente suave y en ciertas noches… instantes fugaces. Lo demás son restituciones, imitaciones, disimulos: vestirse, habar, caminar…. Casi todo me lo enseñaron a querer, a sufrir, a desear, a pensar, a pensar, a escribir, a leer.

¿Mi biografía? ¿La exterior, el conglomerado de actos que casi siempre me fueron dictados, o la otra, la verdadera, la que nadie conoce? Una biografía breve es una ridiculez. Un sentimiento transitorio, exige una novela para transmitirse; una mirada que repercute en uno, un cuento; un paseo a pie, un ensayo. La autobiografía sentimental e intelectual está apenas esbozada en la obra conjunta de un escritor. Esto, también lo ha dicho Croce, pero a mí no me importa. Yo digo lo mío. Las prioridades y las jerarquías no me interesan.

Hechos, sí. Hechos tengo algunos millares en mi recuerdo.

¿Y qué es eso? ¿Narrar anécdotas? ¡Qué vergüenza! Algunas, no obstante, agregaré. Si no les interesan, no las pongan. Es lo mismo. Mi padre era filósofo, pedagogo, paleontólogo. En mi niñez hay algo de todo ello – y aún ahora-. Cuando rehago una fisonomía con una sola frase, vuelvo a mis primeros aprendizajes… Entonces algunos amigos me dicen que yo complico las cosas, y no quieren ver mi interés por los matices y mi desdén por lo abultado, por lo basto. Felizmente, también viven en mi memoria infantil algunas jugadas de cobres y de vigilante y de ladrones.

Mi juventud – lo más valioso de ella- está tirada por todas las calles de Buenos Aires. He dejado ternuras en todas las casas de lenocinio. Cuando un transeúnte se detiene turbado por una angustia o por una alegría sin razón, es que ha recogido sin querer algo mío. ¡Y todavía los atardeceres de mayo dibujan la misma mujer que dibujaban entonces!

Viví un año en la montaña – en plena cordillera-. Allí me encariñé con las cumbres y con el tango que un amigo llevó encerrado en una valijita en mano.

Treinta y cinco días de navegación en un cargo – boat- en línea recta de – Buenos Aires a Barcelona – me enseñaron el alfabeto del mar y llenaron mi imaginación de un deseo: conocer a Odessa. En París frecuenté un poco el hambre y el amor. Ahora, si pudiera elegir, no sabría decidirme. Aquí. Allá. Aquí hay una cosa, allá otra. Los viajes pudren el alma, la tornan insaciable. Por eso también lo también Montherlant en las Fuentes del deseo.  No se puede decir nada nuevo, ni siquiera esta queja ya la formuló la Bruyere.

Mi gran aspiración actual, el alma de Buenos Aires, el alma del hombre que yo he situado en Corrientes y Esmeralda pero que también se haya en cualquier café poblado de machos en celo… Yo creo que Buenos Aires tiene algo ruso, un resultado, con causas distintas – muy distintas- . “Llama”, por ejemplo, es una novela argentina y lo son asimismo, algunos pasajes de “Humillados y ofendidos”. Esa multitud es en dirección de susceptibilidades, en recelo. Que el alma porteña tiene otras novedades, yo le hallo algo ateniense, no es en lo que de simbólico esa palabra expresa sino en cuanto resume el espíritu de la multitud vista a través de Aristófanes.  Aunque  no me gustan los cientificismos, diría que el alma argentina es un producto químico y no físico de sus componentes. No ha conservado ninguna de las características de sus progenitores. Debo decir que para mí, literariamente, la República Argentina termina en Belgrano. Los nacionalismos políticos no me interesan, aunque sentimentalmente todo lo argentino me preocupe.

Entretejiendo días, he practicado otras actividades además de las que no he dicho. Estudié hasta quinto año de ingeniería civil, el cálculo infinetisimal y las geometrías analíticas y proyectivas no tenían secreto para mí. La matemáticas pura es un poema abstracto. En París seguí varios cursos breves de humanidades. He leído demasiado, desde un punto de vista, poco desde otro.

Me gustaban lso deportes. Es bueno poner la claridad de lo físico a la inquietud de la inteligencia y a la vaguedad del sentimiento. No lo hice mal. Fui campeón argentino de box – peso liviano- en el año 1920. Mi primera comedia la escribí a los dieciséis años. Tengo muchas inéditas y sin terminar. Son todas malas. Una de ellas, la representó fragmentariamente Arellano, con título cambiado.

En la época de la guerra contribuí a formar un grupo comunista “Insurrexit”. Esos dogmas no me desvelan ahora, pero la práctica del comunismo dejó en mí una huella tan honda, que mi espíritu parece un par de brazos fraternales.

En 1917 publiqué un folleto sobre Matemáticas, y en 192 un libro de centros. He colaborado en La Nación, El Hogar, Fray Mocho y en casi todas las revistas literarias.

Tengo un buen carácter, aunque algo irregular, y un juicio ecuánime. Soy generoso y buen amigo. ¡Dejemos descansar a mis defectos!

¡Qué desgano me acosa esta noche! Es la idea del tiempo – que constituyó una de mis tragedias y que a veces vuelve-. En esta prostitución de mis aspiraciones juveniles despertadas, que se resisten a ensuciarse estampándose en las páginas de mis días escritos.

¡Qué desgano! Otro día –imitando a los demás-  yo hubiera confeccionado chistes retorciendo el pescuezo a algunos de mis días, pero hoy las fuerzas no me alcanzan ni para llegar a mi armario y sacar una de mis múltiples caretas.

1) Fuente: Revista Crisis (1973/1976) Antología. Del intelectual comprometido al intelectual revolucionario. Ed. Universidad Nacional de Quilmes, 2008.  

Imagen de portada: Página 12.

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