Crónica de un femicidio invisible

Por: Santiago Torrado* para Prensared

Maria Magdalena Moreira tenía 16 años y pertenecía a la comunidad originaria Wichí del Impenetrable Chaqueño. Pasó los últimos meses de su vida denunciando ante la Policía de la Provincia y en otras dependencias del Estado la brutal violencia que sufría a manos de Facundo Narciso, un joven criollo que finalmente cumplió su promesa de matarla. Este femicidio que eleva la cifra de crímenes de odio por encima de los 160 en lo que va de año, incluyó una cuota de colonialidad, un odio añadido sobre el cuerpo indígena como territorio de conquista: la mataron por mujer, la mataron por india.

Las amenazas eran constantes, los abusos, la violencia y las vejaciones fueron marcando lento pero seguro el fatídico camino hacia otro femicidio, con la tácita anuencia de un Estado ausente. María Magdalena Moreira denunció por enésima y última vez a su agresor en la tarde del 2 de agosto. “Aquella vez lo denunciamos a la Policía después de que le sacara dos dientes y le golpeara la cara y la espalda” denuncia su hermano Ariel Sánchez, integrante del Consejo de Recuperación Territorial de Chaco. Le respondieron con indiferencia, suspicacia y más de un comentario discriminatorio por su condición de mujer Wichí. “India, sucia, usurpadora”, decían los uniformados.

Facundo David Narciso es un joven criollo de 20 años que amenazaba con acabar con la vida de Moreira, se fotografiaba golpeándola y nadie hacía nada por impedirlo. Juró matarla para tributar ante la hegemonía masculina su pertenencia de varón blanco, eliminar lo que simbólicamente expresaba su cuerpo: ese concierto histórico de resistencias indígenas, de cuerpo y territorio que desafiaba los cimientos hegemónicos de la patria y el patriarcado. “Vos andás con los usurpadores, yo un día te voy a matar”, juraba Narciso. Y cumplió.

La mañana del lunes 12 de agosto los familiares de “Alicia” como llamaban cariñosamente sus allegados a Magdalena Moreira denunciaron a la Policía de la Provincia su desaparición. Pasaron hasta 8 días hasta que algunos efectivos policiales se apersonaron en el domicilio de Narciso, a unos 50 kilómetros de la Ruta 9. Tarde y mal, fue detenido tras confesar el femicidio sin arrepentimiento. El cuerpo de Moreira fue hallado semi enterrado y atado en el patio de la casa de Narciso.

*Periodista, Enfant Terrible, Comisión de Juventudes Trabajadoras del Cispren.

 

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