A 50 años del Golpe de estado, dialogamos con Luis Alberto Urquiza, víctima del Terrorismo de estado en Córdoba, días antes de su regreso a Dinamarca. Un recorrido por la lucha que emprendió desde el inicio y las secuelas físicas y psicológicas que le trajo. El desafío de compartir su historia como sobreviviente con alumnos de una escuela secundaria.
Por Katy García*
Luis Alberto Urquiza, nos recibió en su casa de Villa Allende, una ciudad pequeña, que continúa el ejido de la ciudad de Córdoba. Se encontraba con dos de sus hijas. La mayor, Yanina (51) del primer matrimonio con Graciela, y Cecilia (35) en segundas nupcias con Marjun en Dinamarca. Son cuatro los hijos, Guillermo (49) que nació mientras él estaba preso en la UP1. En tanto que, su otra hija danesa, Christina tiene 37años.
La conversación se centralizó alrededor de la conmemoración de los 50 años del Golpe cívico militar en Argentina. De sus vivencias como víctima del terrorismo de estado junto a otros jóvenes universitarios que ingresaron a la policía para mejorar su calidad de vida y fueron secuestrados y torturados por sus propios colegas y cómo lo afectó. (1)
“Esta situación me perjudicó en el sentido de que no pude terminar mi carrera de psicología en la Universidad Nacional de Córdoba. Cursaba segundo año y otras materias de tercero. Las secuelas físicas y psíquicas que me dejó el encierro de dos años en la Unidad Penitenciaria 1 (UP1), torturado, incomunicado sin poder ver a mi familia y con las secuelas de un tiro que me dio (Francisco) Gontero en la rodilla derecha por detrás cuando le pedí ir al baño y me llevó a los empujones. Es más, hace poco tiempo me colocaron una prótesis de metal y plástico. Aparte de eso, el desarraigo familiar. Me tuve que ir al exilio y empezar una vida de cero”, resume.
En 1974, ingresó a la policía provincial durante el gobierno democrático de Ricardo Obregón Cano. El puesto le aseguraba un trabajo estable. En aquél momento “quería terminar mis estudios y mantener a mi familia. Era artesano y con solo tres meses de capacitación podía ingresar. El requisito era contar con el certificado de la primaria”, evoca. Estaba casado, tenía una hija y otro por venir.
“Éramos muy afines entre nosotros” pero los jefes y camaradas del Departamento de Informaciones (D2) los tildaron de “infiltrados” o “colaboradores” de las organizaciones guerrilleras Montoneros o PRT-ERP. “Tanto es así que el oficial (Fernando) Rocha nos dijo: ‘se es estudiante o policía, las dos cosas no’. Los acusaban de proveer información a la subversión. Una vez producido el Golpe de estado, la persecución creció.
El 24 de marzo de 1976, lo encontró trabajando como sumariante en la Seccional n°16 de la capital, receptando denuncias. En septiembre, lo pasaron a la guardia del temible D2, donde funcionaba un centro clandestino de detención y torturas. El 12 de noviembre, los secuestraron y trasladaron uno por uno al D2. (1)
En diciembre lo llevaron a la Unidad Penitenciaria (UP1) tras haber pasado por el campo de concentración La Ribera, actual sitio de memoria. Estuvo a disposición del PEN y le otorgaron la libertad condicionada en 1978. Al año siguiente, decidió buscar otro destino. Sin trabajo y separado, decidió tramitar el exilio. Lo aceptó Dinamarca, en 1980. Antes, había estado siete meses en Brasil y cuando el pueblo conquistó la democracia en Argentina “hice la denuncia en la embajada argentina que se encuentra en la página 33 de la Conadep”, precisa. Durante el gobierno de Carlos Menem, empezó a viajar a pasear a su pueblo y en 1993 “pensé que estaba consolidada la democracia y vine con mi familia danesa a vivir. Pero resulta que tuvimos que salir del país”.
Pasó que “cuando volví me persiguieron, por denunciar a los torturadores que estaban activos en la Policía de Córdoba. Me había trasladado con mi familia danesa, mi esposa y dos hijas. El embajador danés nos sacó de Córdoba y como ya era ciudadano, ahí empieza otra etapa de mi vida”. Cabe destacar que las niñas se habían integrado a la comunidad. Concurrían a la escuela, aprendían el español y fue traumático también para ellas, evalúa. Fue en 1997, gobernaba (Ramón) Mestre y su ministro de asuntos institucionales era Oscar Aguad, que mantenía una relación estrecha con los represores que seguían ocupando lugares claves en el gobierno. Por caso, Carlos “Tucán” Yanicelli, era jefe de Inteligencia criminal. (En 2010, fue condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad). Fue un escándalo. Es más, el jerarca Menéndez compartía palco con los gobernadores Angeloz y Mestre. (2)

Causa Videla
Tras la derogación de las leyes de impunidad, Punto Final y Obediencia Debida, comenzaron los juicios de lesa humanidad en Córdoba, en 2008. La causa Gontero se acumuló con la UP1 y se caratuló como Videla , Menéndez y otros. Ante la proximidad del juicio se conectó con la abogada María Elba Martínez y Hugo Vaca Narvaja, quienes aceptaron representarlo. Lo dice con satisfacción ya que antes otro abogado se había negado porque “no defendía policías, por cuestiones ideológicas”. El juicio se realizó en 2010.
Logró justicia pero uno de los acusados, Adolfo Salgado, fue absuelto por el Tribunal. La fiscalía a cargo de Carlos Gonella y la abogada querellante María Elba Martínez casaron el fallo. La Cámara Federal de Casación Penal, ordenó que se realizara un nuevo juicio que se hizo junto a otro expediente el año pasado. El acusado recibió una pena de 10 años de prisión inhabilitación absoluta por igual término, accesorias legales y costas, manteniendo su estado de libertad. “15 años después, lo condenaron. Pero me hubiera gustado que no siguiera en libertad”, expresó. En rigor, el fiscal Facundo Trotta interpuso un recurso de casación. A la vez, la defensa apeló dicho fallo. De modo que la demora en cumplir la domiciliaria se produce en el marco del debido proceso. No obstante está conforme con la larga lucha que llevó adelante buscando justicia.
Por otra parte, se pregunta por qué los expolicías de la D2, que “tienen condena firme, no son exonerados. Cuando cualquier policía que comete una falta grave o un proceso judicial en curso es pasible de pasar a pasiva. Con más razón, cuando cometieron delitos de lesa humanidad”, reflexiona. En esa línea recordó que en la provincia de Buenos Aires la gobernadora María Eugenia Vidal lo hizo. Asimismo, destacó la importancia de los conceptos “estado policial” y “decoro”.
Secuelas físicas y psicológicas
Aquél país que lo alojó como refugiado político luego le concedió la ciudadanía. Al inicio trabajó como dibujante pero pronto las computadoras lo expulsaron. Probó como comerciante de artesanías y terminó siendo taxista. No obstante, dice, “Dinamarca me dio más que mi país. Allá tengo salud, y aquí no. Y a los 65 años me dieron la pensión completa”.
En relación a las secuelas físicas y psicológicas cuenta que recibió en aquél país un tratamiento en un instituto especializado. “Eso me ayudó. Pero las pesadillas vuelven. Una de ellas ha sido el simulacro de un fusilamiento. Nunca volvés a ser normal. Mi familia se da cuenta de que me altero bastante y me contiene”, afirmó.
Memoria contra el negacionismo
La conmemoración de los 50 años de la dictadura cívico militar realizada en 24 de marzo –Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia-fue impactante. Millones de argentinos y argentinas se movilizaron a lo largo y ancho del país. Luis no pudo marchar porque la secuela de aquel tiro por atrás en su rodilla se lo impide. Pero pudo seguir los actos por televisión y redes.
Días antes fue invitado, por el docente Adolfo Alejandro Struck, a disertar en el Instituto Provincial de Enseñanza Media “Ing. Víctor Rée” (IPEM N° 162) ubicado en el barrio Cerro de las Rosas. Se trata de una institución pública gestionada por el estado de Córdoba. Ante 150 alumnos, durante el turno mañana, y la misma cantidad por la tarde, narró su experiencia vivida durante el terrorismo de estado. “Me pareció muy interesante esta experiencia con los alumnos. Les hice una reseña de lo que pasó en esa época como víctima y los chicos se mostraron ansiosos de escuchar la palabra directa de una persona que lo sufrió. Y me hicieron preguntas interesantes”, expresó.
Finalmente manifestó que se sorprendió que “este gobierno nacional de turno sea negacionista y que pretenda reinstalar la teoría de los dos demonios. Pero la historia es la historia y eso no va a cambiar”, sentenció.
Notas
1-El 12 de noviembre de 1976 en diferentes horas fueron secuestrados por jefes y agentes del D2, José María Arguello, Luis Alberto Urquiza, los hermanos Horacio Samamé, Oscar Samamé, y Rodolfo Urzagasti Matorras (fallecido en 2009). Estudiaban psicología, abogacía e ingeniería.
2-En 2005, el periodista Mariano Saravia publicó el libro La Sombra Azul- El caso de Luis Urquiza, que da cuenta en detalle su historia hasta el segundo exilio.
*Periodista. Agencia Prensared. Foto principal gentileza.
www.prensared.orgt.ar

