¡Cuando los neoliberales y los antivacunas nos acostumbraron a la muerte y la depreciación de la vida!

Un resultado que ha pasado completamente desapercibido por las políticas anticovid vigentes es que trivializan la muerte ¡que nos acostumbran a la muerte! Aquí no se trata de algo secundario o trivial, un daño colateral a las políticas anticovid de nuestros gobiernos, sino quizás su consecuencia más terrible y espantosa, es la que promete las peores desgracias a mediano y largo plazo.

Por Yorgos Mitralias*

La prueba más llamativa de esta fatal adicción es obviamente la ausencia total de cualquier movilización de protesta contra la devastación ahora diaria de las víctimas muertas del covid. Después de semanas, meses y años de pandemia, la pérdida de cientos de miles se ha convertido en parte integrante del paisaje cotidiano, algo tan «normal» y anticipado como la salida y la puesta del sol. Y hay que constatar que este acostumbramiento se ve reforzado día a día por las declaraciones y las medidas de nuestros gobernantes que, muy cínicamente, no dudan en presentar esta hecatombe casi como sacrificios necesarios e inevitables en el altar… ¡de la buena marcha de la economía de mercado!

Si lo piensas bien, las consecuencias de esta banalización de la muerte pueden ser aterradoras. De hecho, ya podemos ver que la adicción a la muerte no solo concierne a la muerte de otros, sino también a la muerte del que está acostumbrado. En todo caso, conduce a la depreciación de la vida, tanto de la nuestra como la de los demás, lo que prepararía el terreno para la explosión de las formas más extremas de violencia ya que dejaría de existir la «línea roja» de la violencia. Miedo a la muerte que constituye el último obstáculo y barrera contra la transformación de nuestras sociedades en auténticas selvas.

Sin embargo, no hay que creer que todo esto es casual y se hace espontáneamente. Ni atribuir a una simple coincidencia el hecho de que tanto nuestros gobiernos como los antivacunas están cultivando ambos, a pesar de sus diferencias y conflictos, esta banalización de la muerte. Ni que en la cabeza de los antivacunas, sino también de varios gobiernos europeos, se encuentren individuos conocidos por su pasado de extrema derecha. Lo menos que se puede decir es que al acostumbrarnos a la muerte, tanto unos como otros se benefician ya que juegan en su casa, en su propio terreno, formando así conciencias colectivas e individuales plenamente conformes a sus tradicionales referencias, y «valores».

¿Por qué? Porque para las tradiciones fascistas y nazis, y también para los «valores» y las prácticas de extrema derecha, la depreciación de la vida va de la mano con el culto de la muerte y el ejercicio de la violencia más extrema. Y, evidentemente, no es casualidad que el infame grito necrófilo del fundador de la Falange española, general fascista José Millan-Astray «Viva la Muerte» [1] sigue formando parte del arsenal ideológico de los (neo)fascistas y otros nostálgicos de Franco, de Mussolini, de Hitler y de sus regímenes liberticidas en todo el mundo…

Entonces, teniendo todo esto en mente, podemos comprender que los acontecimientos y los «fenómenos» sociales de nuestro tiempo, que a primera vista parecen inexplicables y sin relación entre ellos, adquieren un sentido tan pronto como se revela su matriz común de extrema derecha. Una matriz común que incluye fuerzas que existen tanto en el exterior como en el interior de los gobiernos neoliberales casi en toda Europa Unida. Esta es la razón, por la que es la extrema derecha la que marca la pauta, cuando no domina totalmente el movimiento antivacunas, como hemos visto en los Estados Unidos, donde los partidarios de Trump han hecho escuela y se han extendido por todo el mundo.

Y es en todas partes la misma transformación del movimiento antivacunas en un sector de intervención privilegiado de la extrema derecha dura, que puede así popularizar, como nunca antes, varios de sus caballos de batalla tradicionales: el racismo, el complot, el culto de la muerte y de la violencia, el odio del racionalismo y de la ciencia, la depreciación de la vida e incluso el ocultismo y el misticismo de un Himmler y de sus SS…

En realidad, la intervención de la extrema derecha en los movimientos antivacunas está tan bien organizada y coordinada porque se beneficia del apoyo material, mediático y político de las mismas grandes fortunas del norte estadounidenses que apoyaron a Donald Trump y que financian, hasta hoy, las campañas que cuestionan la realidad de la catástrofe climática. Evidentemente, no es casualidad que en el centro de este conglomerado archi-reaccionario del gran capital se encuentren los inevitables hermanos Koch, los «reyes» de los combustibles fósiles. Ni que -desde hace casi dos años- hacen todo lo posible para «incitar» a los gobernantes a dar prioridad no a la salud y a la vida de los seres humanos sino a sus propios beneficios amenazados por los confinamientos y las otras medidas anticovid que perturban el funcionamiento de la economía de mercado como resultado de la caída vertiginosa de los precios de sus… combustibles fósiles.

Entonces, todo se aclara y una encuesta publicada muy recientemente en Estados Unidos [2] describe en detalle la verdadera guerra que el «big business» vinculado a la extrema derecha americana lleva, desde hace dos años, contra las políticas que dan prioridad a la defensa de la salud y de la vida de los ciudadanos amenazados por el covid y no a los beneficios de los capitalistas. Es así como la negativa de la mayoría de los gobernantes a establecer confinamientos dignos de su nombre en su búsqueda de la infame «inmunidad colectiva», y los ataques de los antivacunas a la ciencia y a los científicos, a su «resistencia» a la supuesta «dictadura» impuesta por quienes toman en serio la pandemia, todas estas desviaciones y delirios anticientíficos, irracionales y reaccionarios tienen su origen en los «trabajos» y los manifiestos de la miríada de los «think-tanks» y otras fundaciones creadas y financiadas por los hermanos Koch, el multimillonario de los «hedge funds» Robert Mercer y los de su estilo.

Dicho esto, no se trata aquí de algunos fenómenos sociales marginales y ocasionales que podrían atribuirse a una supuesta paranoia de masa y que estarían condenados a desaparecer en el próximo cambio de la opinión pública.

Aquí están los acontecimientos que anuncian desastres de dimensiones históricas y, es absolutamente asombroso que no hayan provocado aún el despertar y la movilización general de la izquierda en todo el mundo.

Y esto no sólo porque se trata de fenómenos sociales masivos, sino también porque se distinguen por su extrema agresividad y el uso de una violencia a menudo asesina contra quienes se encuentran, tradicionalmente, en la línea de mira de los movimientos fascistas: las organizaciones, los movimientos y las colectividades de los trabajadores, de los oprimidos y de los excluidos, así como los migrantes, las minorías étnicas, raciales y sexuales y, evidentemente, las mujeres y los movimientos feministas.

He aquí, pues, porqué movimientos, sectas y «fenómenos sociales» a primera vista no relacionados entre sí, como los antivacunas, el Qannon y sus variantes, los diversos «justicieros» que llegan incluso a hacer llamamientos públicos a las armas (!) o incluso los movimientos misóginos violentos que apuntan casi por doquier, en estos últimos tiempos, están vinculados entre sí hasta el punto de ser verdaderos vasos comunicantes con una matriz común de extrema derecha. Las más duras de las organizaciones y partidos de extrema derecha de nuestros tiempos, que por otra parte son los que más se desarrollan, como el español Vox o los de Europa Central y Oriental, traducen cada vez más en actos (violentos) su racismo y su misoginia, su conspiración y su odio al racionalismo y a la ciencia, su culto a la violencia y a la muerte. Es decir, todo lo que constituye a la vez su signo distintivo y su «programa»…

La conclusión salta a la vista: el acostumbramiento en masa a la muerte y a la depreciación de la vida provocada tanto por las políticas anticovid de nuestros gobernantes como por los movimientos antivacunas es quizás la más directa y la más terrible de todas las amenazas que debe afrontar hoy la izquierda, pero también todo ser humano, aunque sea poco progresista.

¡Y hay que admitir que, lógicamente, esta constatación debería hacer más que prioritaria la lucha contra esta amenaza y, empujar a las calles, más masivamente que nunca, a los defensores y a las defensoras de la buena vieja solidaridad y de la vida!…

Notas

[1] Evidentemente, no es casualidad que el admirador demasiado celoso de Franco y de su movimiento fascista, el célebre escritor griego Nikos Kazantzakis, haya optado por titular «Viva la Muerte» al libro que recoge sus artículos escritos para el diario conservador de Atenas que lo había enviado a España para cubrir la guerra civil.

[2How The Koch Network Hijacked The War On COVID
Prácticamente las mismas fuerzas político-económicas llevan mucho tiempo librando una guerra contra todos los que luchan contra la crisis climática. Sobre este tema se puede consultar nuestro artículo ¡El odio contra Greta: ¡aquí están los que, con nombre y dirección, la financian!

 * Periodista. Cofundador del Comité griego contra la deuda, miembro de la red internacional CADTM. Está a favor de la vacunación gratuita y voluntaria para todos y por el levantamiento de las patentes. Ver manifiesto.  Traducción: Zonaizquierda. Fuente: Rebelion (rebelion.org) Original www.cadtm.org/

www.prensared.org.ar

V: 662 T: 902323